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Yo tengo otros datos…

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En días recientes nuestro máximo representante municipal, rindió su informe, el cual a decir de muchos, no coincidía lo optimista de sus líneas con el sentir popular.

Ciclovías que nadie usa, obras públicas innecesarias, desabasto de agua, Inseguridad Pública a niveles socialmente intolerables, desprestigio nacional como una de las ciudades más peligrosas para vivir, cárteles de la delincuencia organizada haciendo de las suyas, autotransporte excesivamente cara, policía mal capacitada, Centros de Atención a víctimas que ofrecen servicios que no pueden cumplir por falta de preparación, deshonestidad, abusos, derechos humanos violentados, caos vial prácticamente en toda la mancha urbana, robos a comercio, a casas habitación, a transeúntes, asesinatos diariamente, el ulular de las sirenas aquí y allá, presencia del ejército, de la marina, de las fuerzas del Estado y de la guardia nacional recorriendo las calles municipales intentando intimidar a una delincuencia que ya le tomó la medida al Estado.

La ciudad se incendia, y lo único que alcanza a decir nuestro edil, dentro de sus divagaciones mentales, es que “aún hay esperanza”. Cuando no se toma en cuenta el sentir de la población inconforme, cuando no se escucha al pueblo para conocer las verdaderas necesidades, entonces ya no hay esperanza. En su discurso, que más que discurso consideramos una completa falta de respeto e irresponsabilidad hacia los leoneses, el presidente municipal aceptó que el mayor reto para su administración es la seguridad.

Consideramos que ese punto ya hace bastante tiempo que había quedado claro, desde administraciones pasadas, y lejos de “retomar el rumbo”, hemos ido cuesta abajo, encontrándonos con un León cada vez más violento, más ensangrentado, y el protagonista de esta triste historia señala que uno de los factores precipitantes de toda esta ola del terror (en contradicción con aquella “ola expansiva de paz” que anunció ya hace algún tiempo), es el consumo de drogas y la disputa entre bandas.

Siendo lo anterior parcialmente un acierto, entonces, la pregunta orillada ahora es: ¿por qué no se invierten en centros de rehabilitación y tratamiento contra las adicciones?. Debemos de realizar un verdadero trabajo por parte de la Dirección de Prevención del Delito, con campañas útiles, y no con la misma estrategia fracasada de todos los tiempos: regalar balones, lápices y sacapuntas.

Don López Santillana señaló que debido a la confianza de la gente (lo cual en las calles se tienen otras opiniones totalmente contrarias) refrendó honrar y dignificar el ejercicio de la política. Creo que los políticos no tienen la mínima idea de los conceptos de honra y dignidad.

Y para justificar la ineptitud de su gobierno, al mismo estilo de la papa caliente, arremetió contra las autoridades procuradoras y administradoras de justicia, específicamente el Poder Judicial, al cual señaló que era el culpable del caos delincuencial debido al error y a la impunidad judicial.

Respecto a los ejes, el pueblo tiene otros datos señor Presidente: lejos de ver un león ordenado, inteligente y conectado, vemos a un león con calles reducidas a consecuencia de un sistema de vías para ciclistas que nadie usa, por la sencilla razón de que la gran mayoría de las personas tienen que recorrer diariamente decenas de kilómetros para llegar a sus trabajos, a sus escuelas y a sus hogares, además de que nadie se siente seguro de viajar en bicicleta sin temor a ser arrollado por algún chofer urbano, o asaltado por uno de los tantos delincuentes cuyo modus vivendi es el asalto a mano armada.

Las calles son un desorden total, a todas horas, desde el malecón hasta las arterias principales. Respecto a un León atractivo y divertido, a nadie hace gracia vivir en un ambiente con olor a pólvora y a plomo, y en el plano educativo, las escuelas necesitan conocimiento, vencer la ignorancia, no llevarles cubetas de pintura.

Sería adecuado un programa que trajera programas culturales a la ciudad, que se diera difusión a la lectura, a las ciencias, a las artes, que se invirtiera en bibliotecas, y que las capacitaciones a los elementos de policía fueran reales y no un completo hazmerreir.

Con tanto desorden, la ciudad parece más a un circo que a una metrópoli, con tanto espectáculo circense en cada crucero, menesterosos invadiendo las esquinas, pidiendo pan, sin saber que al paso que vamos, ya nadie quiere pan.

Estimado Presidente, lamento decirle, que yo tengo otros datos.

Atentamente, un ciudadano, que aún espera la llegada de esa “ola expansiva de paz”.

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