La yakuza, o mafia japonesa, ha quedado plasmada en cientos de películas, series y videojuegos. Su estricto código de honor, sus cuerpos cubiertos de tatuajes y sus ritos, entre los que se encuentran cortarse el dedo meñique y ofrecerlo al jefe cuando han cometido un error grave, son conocidas por miles de espectadores a lo largo de infinidad de tramas.
Sin embargo, hay un aspecto interesante de este grupo delictivo, y es cuando algunos de sus miembros deciden alejarse del crimen y empezar una nueva vida. En la ficción, recientemente se estrenó el anime “De yakuza a amo de casa” donde un mafioso se dedica a las labores del hogar tras abandonar a su clan… sin embargo no es nada ficticio. Ejemplos en la vida real sobran.
DE YAKUZA A COCINERO
Takeshi Nakamoto trabaja actualmente en una ciudad de Kitakyushu, donde se dedica a la cocina tradicional nipona. Lo que quizá muchos de sus clientes no sepan, es que tiene el cuerpo repleto de tatuajes y que el motivo por el cual le falta el dedo meñique es porque se lo ofreció a su jefe. Además, pasó ocho años en prisión. Desde muy joven ingresó a la yakuza, concretamente al clan Kudo-Kai. Después de la Segunda Guerra Mundial vino una época de oro para el crimen organizado en Japón, pero actualmente su situación ya no es lo que fue, de modo que Takeshi decidió caminar por el sendero de la ley.
Para su fortuna, era cocinero del oyabun (que es como se le llama al líder supremo de un clan yakuza) por lo que no le fue muy difícil obtener trabajo gracias a su excelente sazón. Hoy en día, ha sido entrevistado por varios medios de Asia y América.
DE YAKUZA A PASTOR
Tatsuya Shindo es su nombre y vive en Kawaguchi, una ciudad cercana a Tokio. Es un pastor que le habla de Dios a cerca de 100 feligreses, y suele contar sin ningún tapujo que de joven perteneció a la yakuza. Entrevistado al igual que Takeshi por varios medios internacionales, no solo por su pasado sino porque predica el cristianismo en un país donde se profesa a niveles muy bajos. Su púlpito se encuentra en el bar de June Bride, que en el pasado fue un lugar de mala muerte y hoy en día, Shindo le dio una remodelación radical, transformándolo en un templo.
Para el pastor y ex–yakuza, el motivo por el cual varios jóvenes japoneses se unen al crimen es porque nacieron en entornos disfuncionales, y al darse cuenta que existe una organización que se estructura como una familia, inmediatamente aflora su sentido de pertenencia. Actualmente predica no solo de manera presencial, sino en redes sociales. Al buscar su nombre en Youtube, aparecen varios de sus discursos con subtítulos en inglés.
Pese a que los casos del cocinero y el pastor son mediáticos, hay quienes no creen que se hayan reformado. Ese será un prejuicio que se puede ver en varios documentales, como “El ocaso de la Yakuza” y “June Bride”. Pero… ¿Qué tan difícil es para ellos volver a empezar?
Un importante académico, criminólogo y sociólogo que ha investigado a fondo este fenómeno es Hirosue Noboru, quien señala que aquellos que después de una vida de crimen desean una existencia normal, es muy difícil de lograr. Por ejemplo: de 4.170 personas que han dejado la yakuza, solo han encontrado empleo regular 90 de ellas, tal como dice el estudioso en nippon.com.
No cabe duda que, ya sea en oriente u occidente, el crimen no paga.
