Asaltos se vuelven comunes
La Feria de León 2019, la tardanza de las “orugas” y el desabasto de gasolina, hace que muchos leoneses aborden el Sistema Integrado de Transporte (SIT) además de los habituales hacinamientos, surge un problema más: los asaltos a los ciudadanos, en los que las mujeres son las más vulnerables.
EL HERALDO de León recorrió las diferentes rutas de las “orugas”. Por lo general, donde más inseguridad prolifera es en los paraderos donde hay demasiada gente, o donde hay muy poca. El exceso o la escasés son los puntos donde los delincuentes se aprovechan para arrebatar celulares, bolsos, billeteras o mariconeras.
La petición de los usuarios es clara: piden más rutas, un mejor servicio, y por supuesto, más seguridad, pues el elevado precio del pasaje debería garantizar su integridad.
TESTIMONIOS
Vanessa Hernández es uno de los muchos casos. El viernes pasado, en el Paradero de Hermanos Aldama y López Mateos, Salía de trabajar alrededor de las 16:00 horas. Esa es su rutina diaria, por lo que iba con tranquilidad.
“Desde que está la Feria, las orugas tardan mucho en pasar, además del desabasto de gasolina. Llevaba 15 minutos esperando, y pasaban otras rutas menos la que yo esperaba. Noté que un hombre me estaba esperando y entonces recibí una llamada de mi celular. Cuando se acercó mi ruta, que es la siete, un hombre a mi lado me preguntó si ya venía el camión, y yo le dije que sí”.
Vanessa siguió esperando, mientras recibía una llamada telefónica de un amigo. Fue entonces cuando se detuvo su ruta y corrió, con el fin de acceder. Su sorpresa fue mayúscula al momento en que la jalaron y le pusieron una navaja en la espalda.
“No quise gritar”, recuerda Vanessa. “Lo que hice fue meterme a la ruta, y cuando regresé a la oruga ya no tenía la cartera. Me habían robado dos celulares y 500 pesos. No quise denunciar porque no tiene caso”.
Otro caso es Beatriz Robledo (el nombre se ha cambiado para proteger su privacidad) también padeció un asalto de forma similar. Cuenta su experiencia:
“Fue un sábado, hace dos semanas, cuando salía del trabajo por la tarde. Por el desabasto de gasolina y la Feria, había muchísima gente. Yo estaba distraída y traía mis audífonos, entonces no le prestaba mucha atención a mi entorno. La gente se me empezó a acercar, pero yo creí que era porque ya venía la oruga. Sentí que alguien me estaba empujando, y entonces volteé…”
Beatriz hace una pausa, y continúa con su relato: “Al momento que volteé, el tipo me quitó el audífono. Me dijo que si decía algo me iba a encajar una cosa. De modo que bajé la mirada y vi que tenía un cuchillo. Al principio estaba enojada y no le quise dar nada, pero él comenzó a insultarme. Yo no quería dárselo, pero fue entonces cuando me arrebató la bolsa. Yo miraba a la demás gente, pero aparentemente nadie se daba cuenta. Entonces, agarró mi cartera y se salió”.
Como era de esperarse, Beatriz se quedó anonadada, desconcertada y sin saber qué decir ni a dónde ir. Una señora se le acercó a preguntarle si estaba bien, pero no era así. Comenzaron a buscar a la persona, pero ya se encontraba muy lejos.
“El hecho de pagar 11 pesos por tu seguridad es injusto. Ya no puedes estar en un lugar transitado porque no sabes lo que te va a pasar. Las autoridades deberían tener más cuidado para garantizar nuestra seguridad”.