En democracia se da al electorado la posibilidad de decidir quién va a gobernar el país durante los próximos seis años, es un derecho que él ciudadano tiene. En todo momento, es mejor decidir quién nos va a gobernar, que someterse a la voluntad de otro. Sin embargo, en nuestro país las malas prácticas por parte de los partidos y los propios candidatos están presentes.
Esas malas prácticas han sido y siguen siendo las mismas: la compra del voto, la presión que ejercen los partidos políticos al electorado, para infundir miedo y toda clase de mentiras para denostar, al contrario, en caso de querer votar por él u otro partido distinto al que pide el voto. Y por supuesto, la nefasta práctica de coaccionar a empleados municipales, estatales o federales.
Estamos a 13 días de la gran fiesta democrática de México, el 2 de junio son las elecciones generales, donde se estarán eligiendo a candidatos a puestos de elección popular, que van desde la presidencia de la república, senadores, diputados federales, presidencias municipales y diputaciones locales. Un total de 20 mil, 375 cargos. Será el proceso electoral más grande de su historia.
Cómo lo mencione en líneas arriba, siempre será mejor decir quién nos va a gobernar, que someterse a la voluntad de otro para imponer al nuevo gobernante o al nuevo partido. Por increíble que parezca en pleno siglo XXI, México sigue siendo un país, donde su pueblo y concretamente el electorado, se ve seriamente amenazado en su libertad para votar por quien más le plazca.
Está amenaza tristemente viene desde el mismo poder político. Qué se encarga un día si y otro también, de amedrentar a la ciudadanía con mentiras y mentiras con la finalidad de que el electorado vote por el partido en el poder, me refiero a MORENA y al presidente de México, López Obrador, que ejerciendo todo su poder y también, todos los recursos públicos del Estado mexicano, orienta y en muchos casos, pide el voto para su partido y candidata presidencial y candidatos a diversos puestos de elección.
Pero volviendo al voto útil, esté se da cuando la ciudadanía entiende y comprende, que votar por un partido o por su candidata o candidato, está votando por la democracia. Debemos ser conscientes, que después de años de tiranías, el pueblo ha conquistado la democracia recientemente y con mucho trabajo, para no ejercer el derecho al voto o bien, votar por aquella candidata que pertenece al actual gobierno despótico.
No votar sería rechazar el sistema democrático de México, despreciar el uso de un derecho que nuestros antepasados, nuestros padres y nosotros mismos, hemos conquistado. Esa conquista, ha sido a lo largo de muchos años de grandes riesgos y penalidades, tras años y años de lucha y sacrificio. Pero también, votar por quien nos obligan o nos amenazan, representa un grave retroceso.
El voto puede cambiar las cosas y no nos lo han regalado o concedido graciosamente, lo hemos conquistado todos los mexicanos por igual. Un voto es decisivo, pero el voto de millones sí puede generar el cambio, así ocurrió en el año 2000 y en 2018. Lo malo es que estos cambios, sobre todo en la última elección presidencial, no fue para mejorar, todo lo contrario. El pueblo se equivoca a menudo al votar, cómo lo hizo en la pasada contienda electoral donde salió victorioso AMLO.
López Obrador fue elegido por la mayoría de los electores democráticamente y se ha convertido en un auténtico presidente despótico, soberbio, prepotente y tremendamente corrupto. Que pretende seguir gobernando tras el trono, de su incondicional y servil candidata Claudia Sheinbaum. La gran virtud de la democracia no es la sabiduría ni la perfección de sus resultados, sino que las alternativas son aún peores.
El voto útil, es aquel que se basa, no en la preferencia directa del elector, sino en una estimación acerca de lo que van a hacer los demás votantes. El caso concreto es de aquellos electores que piensan votar por MC y su candidato Álvarez Máynez, por considerar que son diferentes a los otros partidos y candidatas, pero sin ninguna posibilidad real de ganar.
En consecuencia, votar por la candidata opositora Xóchitl Gálvez, y los candidatos y candidatas a gobiernos de los estados y otros puestos, aunque no les parezcan tan buenos.
Votar por el PAN, PRI y PRD aunque sean bastante malos, pero con posibilidades reales de ganar, es mucho mejor que la alternativa posible y ni que decir, del partido y candidato que pueden perder hasta el registro.
¿No cree usted?
