El incendio de una bodega, ocurrido en la colonia María Dolores, duró desde las 10 de la noche del 16 de septiembre hasta las primeras horas del 17. Durante las primeras luces del alba hasta cerca del mediodía, los elementos de seguridad seguían combatiendo, imbatibles, el humo y las llamas que volvían a resurgir.
Para los vecinos de la colonia la noche fue un infierno. Por fortuna, no hubo una sola persona fallecida o herida de gravedad. Salvo las crepitantes llamas de tonos amarillo, rojo y anaranjado, hubo un afortunado saldo blanco.
Durante la noche, cuando el fuego comenzó a extenderse, los elementos de seguridad le pidieron a la gente de calles como Santa Cecilia, y sobre todo Santa Cristina desalojar las calles. Poco a poco, el humo y la ceniza se extendían, y el calor era abrasador. Las pipas arribaron al lugar (hubo hasta seis de diez mil litros cada una) además de 30 bomberos, motobombas y la asistencia de paramédicos. El agua extinguió poco a poco las llamas de la bodega que guardaba textiles y ropa, lo que hizo la situación altamente flamable.
Los transformadores de la colonia tronaron, y salvo por el resplandor de las llamas, no hubo luz durante toda la noche y parte de la mañana. Eloísa Arvizu, residente de la colonia María Dolores en la Calle Santa Cristina, cuenta su testimonio:
“La vecina gritó como a las diez de la noche, que se empezaba a quemar la bodega. Todos salimos, fue demasiado rápido. Entonces, sonaron los transformadores. Todos estábamos muy asustados, lo más importante era cuidar la vida”.
La señora Elena Díaz recordó que muchos perritos estaban asustados, y también tuvieron que desalojar. “Por un momento temimos perderlo todo, pero lo bueno fue que se controló el incendio”, dice ella.
Durante el resto del día hubo elementos de bomberos, Protección Civil, policía, Guardia Nacional y el Ejército Mexicano, todos resguardando la zona. Las pipas iban y venían.
Actualmente, de la bodega solo quedan cenizas.
