
Esta semana hemos estado bombardeados de vario estímulos en la vida política, social y cultural que necesitaría de una columna diaria para poder describir el tipo de situación por la que circula el país en este momento.
No por nada era una de las semanas más importantes para el país.
Desde primera instancia nos encontramos con dos hechos canónicos en el desarrollo de la historia del país; primero la celebración del inicio de la Independencia de México, un evento lleno de polémica en sí y parte del tema de esta semana, pero de ello hablaré más adelante; segundo, la conmemoración de los eventos sísmicos ocurridos principalmente en el 1985 y 2017; además del 2022.
Sin embargo, como ya iba adelantando, estos solo fueron la punta del iceberg de una serie de situaciones que se desarrollaron a lo largo de la semana, siendo que todos los días nos encontrábamos con un hecho relevante del cual discutir; como el que el gobierno puede activar una alarma sísmica en los teléfonos que se encuentren dentro del territorio nacional sin el consentimiento o conocimiento de los usuarios, pero esa es harina de otro costal.
Aun así, me centraré en uno que considero la obra maestra del régimen, pues, aunque en teoría todos sabemos las repercusiones que puede tener si se concreta, realmente la gente no termina de procesarlo por estos miles de estímulos que recibimos en tan corto tiempo. Porque sí, estamos ante la presencia de una famosa ‘cortina de humo’.
Han sido demasiadas las interacciones o historias que vamos viendo en tan poco tiempo que el prestar atención a una se complica porque otra se actualiza o sale una nueva.
En verdad creo que esto no es casualidad, sino que ha sido orquestado para poder desviar la atención del pueblo bueno y centrarse en otras cosas, cuando el verdadero show sucede tras bambalinas.
Para comenzar, recordemos el suceso de pantomima que fue el protocolo del Grito de Independencia; mas no se confundan, no me refiero que el protocolo se redujo a una burla o que los cambios que se hicieron sean malo o negativos. Sino todo lo contrario, fue un espectáculo calculado minuciosamente con una sola intención, dar de qué hablar.
Esto no es para menos, pues es el primer magnoevento de la Presidenta de la República, la primera mujer mexicana en asumir la presidencia y dar el grito más importante del país.
Sin embargo, no bastaba, pues tenía que ser memorable, recordable y sobretodo que se diera de hablar de él no solo el día siguiente, sino toda la semana. Desde la vestimenta, el protocolo de asistentes en Palacio Nacional, los gestos, el cambio de la Escolta Nacional para que estuviera conformado por puras mujeres; la gesticulación, pronunciación, entonación; los gritos de reconocimiento y cómo se cambió este protocolo para agregar emblemas o rectificar a la Corregidora.
Todos estos simbolismos fueron el acto telonero a lo que se venía.
Al día siguiente siguió el Show con su primer acto, el Desfile Cívico-militar, donde lo que destacó es la reacción, lenguaje corporal y gesticulación de los altos mandos militares al pronunciar los discursos de apertura y cierre, discursos que supuestamente ellos escriben y que no son revisados por nadie, comentarios que no son impuestos o señalados a decir, ni por la Presidenta, o bueno, eso es lo que ella aseguró en entrevistas posteriores.
En este mismo escenario, la mañanera del miércoles, nuestra aclamada Presidenta contestó sobre todo lo que se había ‘criticado’ durante el Grito, argumentando el porqué de los cambios, las acciones y demás situaciones, viéndose en el escenario que se dejó cuajar el tema el martes para que la polémica fuera añejándose y así poder seguir la discusión el miércoles, incluso alargándola más.
Aquí es donde tenemos el meollo del asunto.
Durante estas discusiones triviales y en plenos festejos de la independencia, Claudia Sheimbaum Pardo (por su nombre libre y completo), coló una propuesta de reforma a la ley de amparo a nivel Nacional, una de las herramientas jurídicas más importantes para garantizar los derechos humanos de las personas que son acusadas.
Lo sé, sé que usted pensará el mismo argumento que dijo la presidenta, el cual se cuela con un problema real, el hecho que esta herramienta ha sido corrompida en muchos casos y usada para evadir la justicia, pues se argumenta que así se agilizarían los juicios y se evitaría que los ‘malos’ siguieran libres.
Con esto quieren pintar que solo se usará para el ‘bien’ y corregirá la corrupción en el sistema judicial (cosa que ellos ya habían dicho que se había erradicado, dos veces); el problema es que caemos en un sofisma, incluso en una falacia. Resulta conveniente para un Estado autoritario el abolir la herramienta que tiene el pueblo para poder frenar sus acciones; pues ya debilitaron controlaron al Legislativo, le pusieron un estatequieto al INE, el Judicial ahora les pertenece, solo falta quitarle el poder al pueblo, en un gobierno que dice apoyar la democracia, este movimiento pasa a perjudicar más que a beneficiar a la gente que dicen defender.
Tanto es el descaro, que andan impulsando para que esta reforma no se vea en Parlamento Abierto o en ‘Fast Track’, pues a muchos morenistas les ‘urge concretarla’, pues mientras más atención tenga, más rápido caerá el telón de esta obra llamada 4T.
Mientras tanto, disfrutemos de nuestros bolillos pal susto que nos van a meter y gritemos todos al unísono “¡Viva México!”, mientras todavía lo podamos hacer y sentir.