Desde que empezó la pandemia y las instituciones cerraron, pareciera que fue un imán para la delincuencia. Vándalos, rateros y ociosos se dirigieron a varias escuelas en colonias populares y comenzaron a desvalijarlas. Primero fueron los alambrados, luego los vidrios y más tarde los muros terminaron grafiteados. En los peores casos, incluso robaron las tazas del baño.
Casos de esa índole abundan en colonias como San Isidro Labrador, Villas de San Juan, Villas de San Nicolás. En otras colonias, como fue el caso de Loma Dorada, esporádicamente pasa la policía, pero ya fue demasiado tarde cuando se instaló una caseta, el desvalijamiento era más que grave.
Uno de los casos más tristes es en Brisas del Campestre
Brisas del Campestre se encuentra rumbo a la salida a Lagos de Moreno, en la periferia de la ciudad. Debido a su ubicación, donde la policía (y muchos otros servicios fundamentales) tardan en llegar, los paracaidistas u ocupantes ilegales llegan a las casas y los robos son asuntos cotidianos.
En la zona hay dos escuelas: una recientemente construida, cuya seguridad es óptima y por tanto no tiene problemas, y la “Escuela Primaria Jorge Ibargüengoitia”, cuya situación no hace referencia al ingenio y humor del escritor que lleva su nombre. A su lado está la “Secundaria General #27” que también ha sido destrozada.
Aunque los niños y vecinos han ayudado llevándose algunos pupitres y resguardándolos por su cuenta, los vándalos ya hicieron bastante daño: destrozaron cristales, rompieron muros de tablaroca, se llevaron pizarrones y tiraron todos los materiales didácticos que pudieron.
Mariana Ruiz de Fonseca, madre de familia cuyos dos hijos estudiaban en dicha escuela, se muestra preocupada al respecto mal, comenta: “¿Regreso a clases? ¿Cuál regreso? A ver cómo le vamos a hacer en esta y en otras escuelas. Ojalá pronto se restaure”.
