Inicio Regional Del Rincón Vestigio de riqueza

Vestigio de riqueza

0

El pueblo mágico de Jalpa de Cánovas fue fundado en 1542, cuando la audiencia de Nueva Galicia, en la jurisdicción de Villa de Lagos, le proporcionó a Juan Villaseñor una merced de cuatro lugares en donde criar caballos y ganado.

Para tener una idea de las dimensiones de la merced a quien fuera un tronco del linaje que incluye a Hidalgo y a Iturbide, un sitio de ganado mayor es igual a 41 caballerías; o sea, mil 765 hectáreas.

Uno de ellos fue el centro de la actual Jalpa, en el kilómetro 23 al Sur de Purísima del Rincón, donde se construyó una hacienda de la que hoy sólo quedan los restos, que en su origen fue ganadera y después agrícola.

El espacio agrícola llegó a ocupar una superficie superior a las 7 mil hectáreas, cuya fertilidad y producción aportaron a la fama de Guanajuato como el granero de México.

El pueblo surgió luego a partir de la hacienda, pero cuando casi había desaparecido.

En Jalpa se pueden observar construcciones de los siglos XVII, XVIII y XIX, tanto en la cabecera municipal como en poblaciones cercanas como Cañada de Negros y San Nicolás del Palenque.

Entre ellos está el Templo Parroquial de Nuestra Señora de la Purísima Concepción, la Ex Hacienda de Cañada de Negros, el Templo del Señor de la Misericordia en Jalpa, el Casco de la Exhacienda de Jalpa, con dos presas y un molino para moler trigo.

Además de la infraestructura física, Jalpa ha logrado conservar vivas las tradiciones y costumbres locales como la festividad de la Judea; el legado del célebre artista Hermenegildo Bustos.

RIQUEZA E HISTORIA

No queda casi nada del esplendoroso inmueble, pero sí conserva algunas reminiscencias europeas en su decoración y mobiliario que revelan los lujos que rodeaban a sus habitantes.

Por ejemplo, en la cocina funciona aún el segundo refrigerador que llegó a México después del de Porfirio Díaz; igual, en una de las recámaras, hay un tocador de madera con un juego de belleza bañado en plata y frascos de perfume en cristalería fina.

En la fachada están los agujeros de las balas de los hombres de Pancho Villa que revelan el rechazo de los revolucionarios a los hacendados.

También están el molino de harina, innovador en su momento, un acueducto que potenció la producción agrícola y una iglesia con estilo neogótico alemán, ofrecida como agradecimiento por la salud restablecida de uno de sus últimos dueños, tras sufrir un accidente que casi lo deja ciego.

a

Salir de la versión móvil