Venezuela, un país enclavado entre el norte de Brasil, Guayana Francesa y como vecino principal Colombia, está sufriendo la peor crisis de su historia. Un país inmensamente rico por sus reservas petroleras, una de las más grandes del mundo cuya producción actual es mínima y los precios del petróleo, que ahora están alrededor de los 50 dólares porque tiene un tipo de petróleo denominado pesado y curiosamente Estados Unidos le vende petróleo llamado ligero, que mezclado con el de Venezuela resulta más fácil refinarlo para obtener los derivados del petróleo como son las gasolinas y el diésel.
Hasta este momento Estados Unidos no le ha cortado el suministro de ese petróleo ligero, pero ya ha empezado a amenazar y por lo pronto ha estado imponiendo sanciones económicas como advertencia a lo que está sucediendo en Venezuela.
Venezuela es un caso parecido al de México en cierto aspecto, porque aquí cuando vendíamos el petróleo crudo en 100 dólares despilfarramos, hubo una corrupción extrema y los sindicatos de petróleos se aprovecharon de la bonanza para lograr pensiones altas, bonos de productividad y prebendas especiales. La diferencia fundamental es que el ingreso de Venezuela depende en un 90% de la venta de petróleo y México es un país diverso en que hay una diferencia de enorme, como el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá que nos ha proyectado para que una gran cantidad de inversionistas asiáticos, principalmente coreanos y japoneses, y en el ramo de la minería con Canadá, hayan hecho posible que nuestro país mantenga una estabilidad totalmente diferente a este país sudamericano.
Venezuela ha sido beneficiado generosamente por la naturaleza, pues tiene bastantes selvas tropicales, pero hoy pocas industrias productivas y los inversionistas que estaban haciendo crecer este país fueron expulsados por su antecesor, Hugo Chávez, y ahora por Nicolás Maduro, actual dictador de este país. Nacionalizando las industrias, expulsando y destruyendo lo ahora es improductivo en manos del gobierno de Maduro. Su egocentrismo, el exceso de ambición del poder y el culto a personalidad fue heredada de su antecesor Hugo Chávez y Nicolás Maduro, que fue electo a la muerte de Hugo Chávez, teniendo como pretexto la figura del prócer Simón Bolívar, le ha denominado revolución bolivariana, empeñado en hacer creer al mundo que su manera de conducir el gobierno es la mejor cuando todo mundo nos damos cuenta de la terrible realidad y cada vez se acrecienta más por el desgaste que se tiene, por el exceso en el gasto público, la falta de productividad de las empresas petroleras y lo poco que les queda de comercio y de industria. Su turismo es muy bajo y más ahora que el país está de cabeza. Las garantías individuales y el respeto a los derechos humanos es letra muerta.
Desde hace muchos años Venezuela mantiene relaciones con países socialistas como es el caso de Cuba y Bolivia, con Evo Morales, los cuales se ven beneficiados con el suministro de petróleo a precios muy bajos con el afán de ser apoyado en su loca aventura de gobernar mal.
Durante muchos años han tenido cárceles llenas de presos políticos y su principal opositor, Capriles y su esposa, han formado un frente común para unificar la oposición y restablecer la libertad y la justicia en Venezuela. Recientemente Capriles fue puesto en prisión domiciliaria, pero eso no ha significado más que un pequeño repunte de arrepentimiento de los actos arbitrarios y encarcelamientos injustos, simplemente por causas y penas no merecidas, solamente por tener ideas y acciones contrarias al pensamiento gubernamental, lógicamente sin respeto a los derechos humanos.
Se han cumplido más de 100 días y mucho más de 100 muertos oficialmente, porque el pueblo diariamente protesta la forma de gobernar y las injusticias que comete Nicolás Maduro, este en respuesta envía la policía y tropas para repeler estas manifestaciones que son pacíficas y ahora se han incrementado más las protestas porque el Presidente Maduro este domingo 30 intenta consumar un cambio de Asamblea Nacional en Congreso Constituyente, cosa que para nosotros no nos resulta fácil entenderlo, pero lo que si adivinamos es que Maduro quiere cambiar la constitución de tal manera que él y su partido permanezcan en el poder durante tiempo indefinido lo cual lo convierte a él en un dictador con respaldo de una Constitución espuria.
Como es natural, existe una crisis alimentaria, una inflación terriblemente alta y un país prácticamente paralizado en su economía. El Fondo Monetario Internacional predice una debacle económica a corto plazo y si se componen las cosas, un año al menos para recuperar lo perdido.
El Presidente Maduro está peleando con todos los países y especialmente con el organismo que agrupa a los países latinoamericanos, la OEA, el cual le pide que suspenda la acción, para destituir ese congreso, que sería el derrumbe de la democracia en este país. México y Estados Unidos han adquirido la misma oposición y han establecido sanciones unificados en contra del gobierno de Venezuela para que cambie su política.
Hace una semana hubo un referéndum en todo el mundo, porque hay venezolanos en todas partes y de 10,000,000 de venezolanos un 98% de los que fueron consultados con su voto expresaron su rotundo rechazo a la política autoritaria, devastadora y equivocada en todos sus aspectos del gobierno actual que encabeza Maduro, quien en cada intervención ante la televisión de su país y medios de comunicación se justifica en sus acciones irracionales y amenaza, grita e insulta a los que no están de acuerdo en sus decisiones, hasta este momento el ejército lo está apoyando y no sabemos cuánto tiempo más así sea, aquí lo grave son el número de muertos, la debacle económica de su país, el hambre que sufren y la carencia de los más elementales servicios en forma eficiente.
Colombia ha ayudado con alimentos especialmente, que los venezolanos van a la frontera a adquirirlos a bajo costo, aunque su moneda está totalmente devaluada y sus ingresos económicos son raquíticos. De verdad Venezuela está en medio de un problema bastante serio, difícil de resolver y con el peligro latente de un daño mayor y una posible revolución que nadie desea.
En su gran mayoría los países del mundo están reprobando el gobierno de Maduro, pero su terquedad y su ambición de poder le impiden escuchar las voces de quienes en algunos casos le aconsejan y en otros le exigen un cambio total.
El pueblo mexicano que siente como hermano al pueblo venezolano que está sufriendo, pero no encontramos la forma de ayudar más que por la vía diplomática, esperemos que dé resultado y que las cosas cambien radicalmente en nuestro querido país hermano Venezuela.
