El obispo Renato Ascencio León, quien durante una década fue responsable de la diócesis de Ciudad Juárez, en una época bastante complicada por los fenómenos de violencia y migración, planteó que la mayoría de las familias que salen de su comunidad en busca del sueño americano, lo hacen por necesidad de trabajo y lamentó que sean las propias autoridades, responsables de ayudarlos, quienes lo vean simplemente como una “cosa”, no como un ser humano.
La diócesis de Ciudad Juárez atiende en la frontera a casi 2.4 millones de católicos a través de 68 parroquias y fue una de las más complicadas de atender para la Iglesia católica porque ahí se generó una espiral de violencia y degradación social en la década de los noventa; el signo más representativo fue el famoso caso de las Muertas de Juárez y la lucha encarnizada entre los cárteles de la droga.
Esta ciudad fronteriza guarda características similares a las de otros puntos fronterizos, una gran cantidad de personas que vienen de otros estados e incluso otros países que van en busca de pasar a los Estados Unidos de ilegales. Muchos de los cuales fracasan en su intento y luego son deportados; la mayoría se queda ahí en espera de otra oportunidad que quizás nunca llegue.
TRUMP Y MIGRACIÓN
Monseñor Renato Ascencio León, quien estuvo a cargo de la diócesis entre 1994 y 2014, habla para EL HERALDO DE LEÓN, sobre el tema de migrantes a propósito del endurecimiento de las políticas migratorias del nuevo gobierno de los Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, quien en su campaña política prometió repatriar millones de ilegales de su país y quien ha realizado expresiones de odio contra los mexicanos que viven allá.
En la sala de su casa en León Moderno, Asencio León recuerda cuando se ordenó en 1965; cuando fue auxiliar prefecto del Seminario y en donde el obispo Anselmo Zarza y Bernal lo nombró como director para apoyar la formación de sacerdotes, inició con la preparación de 19 sacerdores y terminó dejando 70, y luego cómo Dios lo preparó para ir allá, a una de las diócesis “más conflictiva pero hermosa”, en Ciudad Juárez.
Tuvo una preparación sólida en México y el Vaticano, al ser uno de los sacerdotes más jóvenes en alcanzar tareas de formación pastoral relevantes en León, lo que le sirvió para salir a las comunidades, en especial en la diócesis fronteriza donde en ocasiones tenía que viajar en mulas para poder llegar hasta el último rincón de las comunidades que le correspondía atender en Chihuahua.
ARRIBO A JUÁREZ
“Llegué a Ciudad Juárez en 1994 nombrado por Juan Pablo II como obispo, después de estar desde 2008 en la Prelatura de Madera (hoy diócesis Cuahutémoc-Madera), era una época cuando se empezaba a hablar de las Muertas de Juárez”, término alusivo a los feminicidios y asesinatos de mujeres que se empezaron a registrar en esta ciudad fronteriza del estado de Chihuahua desde enero de 1993 y cuyo número estimado, según investigaciones no gubernamentales era superior a los 700 casos.
“Había mucha violencia, la gente no salía a las calles después de las 7 de la noche por la ola de violencia que se registraba en la ciudad; cuando me tocaba salir a las parroquías más lejanas y se me hacía noche, trataba de regresar lo más pronto posible”, recuerda.
“En una ocasión me detuvieron, eran un grupo de personas que me revisó donde venía y me dijo que quién era yo y qué hacía a esa hora de la noche (después de las 7 pm), les comente que era el obispo de Ciudad Juárez y me dijeron que si traía un papel para demostrarlo a lo que conteste en broma para suavizar la tensión del momento: si quieren les celebró una misa”.
Bajo este contexto se vivía en la diócesis. “Quienes tienen la obligación de cuidar al ciudadano, tienen una mala actuación en ocasiones pero también hay otros y son más, quienes actúan de manera correcta, en esta caso, las diócesis fronterizas son difíciles”.
CONCENTRACIÓN DE MIGRANTES
Ciudad Juárez es como otras ciudades fronterizas una zona de gran concentración de migrantes, “hay miles de personas con la esperanza de pasar a los Estados Unidos, y por eso teníamos una Casa de Ayuda al Migrante para atender a todas esas personas que necesitaban apoyo, no solo material, principalmente espiritual”.
Recuerda una anécdota que le arrancó las lágrimas por la terrible realidad que viven los migrantes mexicanos y de otros países que llegan a la frontera deportados de los Estados Unidos: “me causó bastantes lágrimas ver a una persona con sus pies totalmente llagados, lo hicieron caminar entre espinas en el desierto”.
Esto obligaba a los representantes de la Iglesia católica a luchar para sembrar sentimientos de humanidad entre los oficiales del gobierno, entre nuestros colaboradores y en la sociedad en general para que se diera un trato más digno a los migrantes, recuerda quien en el año 2000 fue nombrado presidente de la Comisión Episcopal de Movilidad Humana.
IMPORTANTE COLABORACIÓN
Hoy, uno de los colaboradores y benefactores de la iglesia para ayudar a los migrantes es alcalde de Ciudad Juárez, expone y se refiere a Armando Cabada, candidato independiente que derrotó al PRI en esa ciudad en las pasadas elecciones municipales. “Fue un colaborador importante de las causas de los migrantes, ayudó bastante y era ese tipo de gente de la que más contribuía a trabajar en favor de las familias que regresaban por estar ilegales allá o a quienes llegaban a la Casa con la esperanza de ir al encuentro de trabajo o con sus familiares que ya estaban en Estados Unidos”.
“Hay muchas personas en las fronteras que trabajan en favor de los migrantes, porque hay muchas necesidades que tienen cuando los regresan a México desde apoyo legal, económico pero sobre todo requieren recuperar la fe”, detalla.
“La gente sabe que va a encontrar trabajo en Estados Unidos, llegan con la intensión de pasar la frontera aunque desafortunadamente también muchos no lo logran hacer”; estas personas se quedan a vivir un tiempo en lo que juntan dinero y vuelven intentar su cruce o tardan años ahí, se quedan a vivir porque difícilmente quieren regresar a sus comunidades de origen.
EXPLICACIONES VACIAS
Reconoce que los estudiosos del tema de migración hacen explicaciones sobre el fenómeno pero la triste realidad es que la gran mayoría de mexicanos que salen de sus comunidades es por falta de oportunidades de trabajo e ingresos. “Aunque tienen familia, si no hay necesidad de trabajo no se van, si salen de la comunidad es por una auténtica necesidad de recursos a pesar de que están muy arraigados a su familia y al lugar donde viven”.
En su desempeño como obispo tuvo que hacer una gran tarea con la comunidad para que entendieran la importancia de brindar apoyo a estas personas que salen de sus hogares para ir al otro lado de la frontera, sobre todo de las implicaciones que tiene la expulsión cuando son detectados por trabajar sin papeles, como ilegales.
“Desgraciadamente las autoridades ven a migrantes como una cosa”, por eso la Iglesia católica trabajó mucho con las autoridades locales fronterizas para que fueran sensibles a este problema y ofrecieran alternativas mientras quedaban varados en estos municipios.
El año pasado, sostuvo un encuentro en Ciudad Juárez con el Papa Francisco, y Renato Ascencio León recuerda, entre las múltiples experiencias que compartió con el representante del Vaticano, su mensaje que dio sobre los migrantes. Fue un mensaje sencillo pero lleno de esperanza para quienes están bajo esta situación de migración.
COMUNICACIÓN NECESARIA
Por eso, para enfrentar el nuevo escenario que vivirán los migrantes con el nuevo gobierno de los Estados Unidos, expone que será necesaria una mayor comunicación entre las autoridades de ambos países, entre los gobiernos locales y hasta entre los representantes católicos.
“En su momento, se trabajó con obispos, sacerdotes, agentes pastorales de la diócesis en la frontera (Texas y Chihuahua) en acciones conjuntas para tratar de ayudar a los migrantes, en especial a aquellos que eran deportados; es importantes que tengan un trato digno y humano, que no se vulneren sus derechos y que se les atienda ante las circunstancias en que viven”, expone.
“Hay que ver que la gente no pierda la fe, hay una preocupación importante para atender a aquellos que son deportados dispongan de un lugar seguro y los medios para enfrentar la situación y sobre todo no fallarles”, concluye.
