La saga literaria de ‘Las aventuras de Sherlock Holmes’ escritas por Sir Arthur Conan Doyle comprende 4 novelas y 56 relatos cortos, y ha inspirado miles de adaptaciones en todos los medios de comunicación existentes. Desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, generaciones enteras se han emocionado con los casos que resuelve el más grande detective de la ficción, inspirando a personajes como Batman y películas con Robert Downey Jr.
Lo que muchos lectores desconocen, es que hay crímenes en los que las historias de este sagaz investigador se han visto involucradas, tratándose de misterios sin respuesta qué hasta el día de hoy, quiebran la cabeza a muchos forenses.
En un mes como este de diciembre, pero de 1887, se publicó ‘Estudio en escarlata’, la primera aventura de Holmes. Que el caso de esta semana sirva como efeméride y homenaje.
EL EXPERTO ESTRANGULADO
En el mundillo literario británico, el nombre de Richard Lancelyn Green, nacido en 1953, no necesitaba presentación: además de escribir diversos libros de mitologías y ser un académico reputado, era el experto mundial más grande en la obra de Conan Doyle y Sherlock Holmes. Sus conferencias, artículos y opiniones eran admiradas y respetadas, tenía primeras ediciones en su poder y se había licenciado en Letras Inglesas en Oxford. Su padre fue amigo de J.R.R. Tolkien.
Por eso, su muerte en extrañas circunstancias llamó la atención de todo el mundo, ocurrida el 27 de marzo de 2004: fue hallado tenía atado alrededor del cuello un cordón de zapato en el que también había enroscada una cuchara, para apretar hasta estrangularlo. Básicamente, se trataba de una versión casera de la tortura por garrote vil.
La policía encontró varios muñecos de peluche de su colección personal en su cama y una botella de ginebra parciamente vacía. Los forenses no sabían si era suicidio o asesinato, pues en caso de tratarse de lo primero, era una manera increíblemente dolorosa de dejar el mundo, y en el caso de lo segundo, no había una sola huella dactilar en el lugar de los hechos. Además, fue el cordón de una bota, pero Green siempre usó mocasines y no robaron nada de la casa y basta aclarar que no tenía tendencias suicidas muy notorias.
Sir Colin Berry, Presidente de la Academia Británica de Ciencias Forenses, reconoció lo inusual del caso, pues en 30 años de servicio nunca había visto un presunto suicidio por garrote vil. John Gibson, amigo cercano del occiso, declaró sin más: “es un absoluto misterio su muerte”.
Con el paso del tiempo, y conforme avanzaba la investigación, saldrían a la luz elementos que no le pedían nada a una conspiración ideada por el profesor Moriarty, archienemigo de Holmes.
Resulta que Jean Conan Doyle, heredero del escritor, quería donar documentos de su padre a la Biblioteca Británica. Sin embargo, terminaron en la casa de subastas Christie’s, pues otros tres parientes los habían vendido por millones de dólares. Green comenzó a alegar, pues en su opinión, los escritos, como toda obra de arte, pertenecían a la humanidad, no a unos coleccionistas privados. Usando su influencia como experto, Green comenzó a protestar. Poco después recibió amenazas, avisando a su hermana, Priscila y a John Gibson. Hasta el día de hoy el caso tiene más preguntas que respuestas.
Sobre el tema incluso escribiría David Grann, (autor de ‘Los asesinatos de la luna’ libro en el que se basa la película de Martin Scorcese) el artículo ‘Mysterious Circumstances: the strange death of a Sherlock Holmes fanatic’ en la revista New Yorker. La noticia se publicó en este medio con el título ‘Extraña muerte en Londres de experto en Sherlock Holmes’.
En la época en que se desarrollan las aventuras de Sherlock, existió un asesino en serie nada ficticio: Jack el Destripador. Su oscura fama ha eclipsado a los detectives que llevaron el caso, pero sobre ellos hablaremos la semana próxima.