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Un secreto a voces

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Nuevamente, una toma clandestina estalló por el bulevar Timoteo Lozano, muy cerca de la Comunidad de San Juan de Abajo. Para los habitantes de la zona, se trata de un sentimiento ambiguo: entre el temor y la costumbre.

Pese a las constantes medidas del Gobierno Federal de frenar la problemática del huachicoleo, la situación continúa. Prueba de ello fue que la noche del sábado una toma de Pemex estalló, en una zona donde, la situación de huachicoleo es común. El 12 de enero del año en curso, elementos de la policía encontraron una toma justo en la misma zona donde el pasado 6 de abril hubo el estallido: la Providencia.

Es en San Juan de Abajo donde más común suele ser la problemática del huachicoleo. Basta con recorrer la comunidad para ubicar posibles ductos de Pemex, así como recordar casos previos en los que se ha excavado de tomas clandestinas. Otras colonias donde persiste el problema del huachicoleo –o robo ilegal de combustible- en León, es en Las Joyas y en el Tajo de Santa Ana.

Después del estallido de la toma clandestina, la gente de las colonias aledañas, como Santa María del Granjeno, la Diez de Mayo y Parques La Noria, optó por mantenerse al margen y seguir con sus vidas. Fueron a jugar soccer y baseball a unos metros del lugar de los hechos, mientras que dos patrullas y una unidad de Pemex resguardaron el lugar, que todavía apestaba a gasolina y mostraba segmentos del terreno quemado.  El encargado impide el paso, pues hasta el momento el área está contaminada.

Incluso, durante el estallido de la noche del sábado, varias  calles en Santa María del Granjeno se quedaron sin luz. Los vecinos podían observar, a lo lejos, la llamarada y el humo ascender al cielo durante toda la noche y parte de la madrugada.

Para Emilio Fonseca, quien vive en Parques La Noria, el problema del robo ilegal de combustible es muy común, pues reconoce: “esto tiene años, pero nada más ahorita, que López Obrador prometió darle batalla, ha llamado la atención. Es un problema común para muchos de nosotros. Siempre había existido, pero no es sino hasta ahorita que comenzó a dar de qué hablar”.

David Esquivel,  quien suele jugar baseboll en el terreno ubicado justo a unos pasos de donde estalló la toma, prefiere no hablar al respecto: “sabemos que el problema es común, pero mejor nos hacemos de la vista gorda, como sucede con toda la delincuencia”, afirma.

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