Por muy triste y magro que pueda ser un Diez de Mayo, siempre es maravilloso pasarlo libre, e ir a donde uno quiera. Quienes están internos en el Centro de Readaptación Social (CERESO) no pudieron más que darle solamente un pequeño abrazo a sus madres.
El Diez de Mayo llegó a León con algarabía e ímpetu. Por toda la ciudad hubo reservaciones en restaurantes, visitas a parques, compras de regalos de último momento, ya fueran chocolates, ramos de flores o tarjetas con agradables pensamientos. No falto quienes cantaran “Las Mañanitas” o incluso, interpretaran ya fuera en sus hogares o en los festivales de la escuela el clásico de clásicos para esta fecha: “Señora, señora” de Denisse de Kalafe.
Para algunos fue un día como cualquier otro día, y ese día consistió en pasarla tras un alto muro mientras eran vigilados por custodios desde lo alto de una torre de vigilancia.
CERESO
Afuera, a la entrada del CERESO, el panorama lucía igual que siempre: la gente esperando su turno, los abogados con traje bajando de sus automóviles y los encargados de puestos de comida ofreciendo tacos, gorditas y quesadillas
Alma García es uno de los muchos casos. Llegó temprano al CERESO, y en pleno Diez de Mayo vio a su hijo, quien fue encerrado, presuntamente, por homicidio. Para ella fue un terrible Día de las Madres saber que su hijo lo pasaría tras las rejas.
“Lo único que quiero es que salga rápido. Mi hijo tiene 22 años”, advierte. “No me han dicho nada hasta el momento. Para mí pasar el 10 de mayo en esta situación me da muchísima tristeza. Ya pasé a verlo y él me felicitó”.
Por otro lado, está el caso de los voluntarios, quienes salen y entran de la prisión con el objetivo de hablar de las enseñanzas bíblicas, sea o no día festivo. María Cristina Pinedo y su esposo, José Luis Gutiérrez.
“Tenemos poco tiempo, pero la Iglesia tiene alrededor de 17 años” dice María, y José Luis advierte que el motivo de su visita es estar durante una hora y fracción hablando con los varones: esa es su motivación.




