
Como cada año, se celebró el tradicional Día de los Panecitos, en las calles del Barrio Arriba. Por doquier la gente de León y otros municipios recorrió los puestos donde los comerciantes ofrecieron diminutos panes, que tiempo después fueron bendecidos.
La actividad empezó apenas salió el sol, pero desde un día anterior los panaderos ya estaban horneando de forma incansable. La gente abarrotó las calles, mientras sostenían canastitas de diferentes tamaños. Los precios eran variados: tres por cinco, cuatro por veinte. Había desde bolillos y donitas, hasta pequeñísimos gansitos y pingüinos. No podían faltar las conchas, los panes con ajonjolí, los polvorones. Había de sobra para elegir y saborear.
La famosa celebración es debido a San Nicolás de Tolentino, quien fue el primer santo de la Orden de San Agustín y es a quien se le reza para interceder por las almas de purgatorio, pero sobre todo por ayudar a sanar. Se cuenta que él estaba enfermo, hasta que la Virgen le dijo que mojara pan con agua y se lo comiera. Entonces, sanó, y a partir de ese momento empezó a repartir pan entre los enfermos, que previamente bendecía. De allí nace la famosa tradición de los panecitos en León.
Sobre el lugar donde se lleva a cabo la bendición de los panes, tan famosa en la ciudad, el historiador leonés Carlos Arturo Navarro ha señalado:
“El templo de San Nicolás de Tolentino, se ubica en la calle Aquiles Serdán. Su construcción de 1801 a 1848. Es famoso por su tradicional fiesta del 10 de septiembre, cuando se bendicen panecitos que se obsequian entre la gente. El templo de San Francisco de Paula es una capilla edificada por 1828 por el Padre Francisco Miranda fundador de la Santa Escuela de Mujeres, se localiza en la calle constancia”.