Siguiendo con el estudio del doctor Mahto sobre la competitividad acelerada, las empresas familiares han sido un baluarte de estabilidad y crecimiento en un mundo turbulento. Su enfoque a largo plazo, cuidando el elemento de armonía y cariño entre las familias fundadoras y sus descendientes. Esto se complementa con reglas, protocolos prácticos, con órganos de dirección y control adaptables a los cambios discontinuos y sin precedentes como lo describió hace varias décadas el profesor y filósofo inglés Charles Handy. Todo este proyecto debe estar manejado con comunicación directa y permanente entre las partes involucradas para evitar conflictos de todo tipo.
El esquema un tanto idealizado de una empresa o grupo familiar se está, según Mahto, quedando atrasado frente a los riesgos de un entorno muy revolucionado que es francamente imposible de plantear a largo plazo, por la velocidad cómo ocurren ciertos fenómenos dentro y fuera del sistema familia, empresa y patrimonio.
Empezamos con el factor tiempo. Dada la situación actual, nuestros productos y mercados actuales están modificándose de manera vertiginosa. En los sesenta se inventaron las matrices producto-mercado por el profesor Ansoff que siguen siendo muy útiles para planear estrategias y ver donde enfocarnos. Yo las utilizo en mis asesorías con una variante significativa: ¡Los tiempos se han acortado y el largo plazo en el horizonte puede medirse en sólo un par de años, mientras que el corto plazo es casi el presente!
Esto implica un análisis constante del mercado y nuestra capacidad de cambiar nuestro enfoque y proceder agresivamente frente a sus retos. Nuevos productos o servicios o una mejora continua aumentando su ventaja competitiva nos harán menos vulnerables. También analizar si nuestros procesos son eficientes (producción, comercialización y por ende la salud financiera y liquidez de la empresa, para no quedarnos rezagados. A mi juicio el peor peligro existente es quedarnos estáticos, sin información adecuada y constante y no prepararnos a sorpresas, generalmente desagradables.
A nivel organizacional necesitamos líderes, sean estos familiares o no, para cuestionar a la estructura en el poder, abrirla a la toma de decisiones y generar nuevos proyectos constantemente, con espíritu emprendedor interno. Este planteamiento no es fácil ya que el poder de los directivos familiares es un elemento con fuerte carga emotiva, amén de ser los propietarios que ejercen el control a través de su posición accionaria y el recuerdo de cómo lo hacían exitosamente sus padres, abuelos fundadores y ¿para qué cambiar? El gran problema es el vertiginoso crecimiento actual, la globalización y los mercados abierto en gran parte del mundo. Cualquier gráfica de la evolución de la humanidad en los últimos 100 años en cualquier rubro es altamente informativa. Y desafortunadamente para algunos el ritmo tecnológico, de invenciones, demográfico y sus consecuencias se va a acelerar en las próximas décadas. No nos podemos quedar paralizados, se los aseguro.
¿Qué esperamos para tomar acción?
Continuará
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