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UN CHIVO EN BICICLETA

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Esta semana recorrimos con incertidumbre las calles de nuestra bella ciudad de León, una ciudad que anteriormente era catalogada como una “ciudad en movimiento”, sólo que ahora dicho movimiento va sobre dos ruedas, y las calles que antes estaban preparadas para el Circuito de Indianápolis, parece que ahora se preparan para el Tour de Francia.

El pueblo leonés se pregunta con desconcierto: ¿Qué está pasando en la ciudad donde el trabajo todo lo vence? De la noche a la mañana aparecieron por diversos puntos del municipio, señaléticas en color verde donde se nos indica la leyenda “preferencia al ciclista”. A varios ciudadanos leoneses -sobre todo, a aquellos cuyos trabajos quedan a varios kilómetros de distancia- nos gustaría cuestionarle a nuestro competente director de Movilidad, bajo qué parámetros convirtió a la cuarta ciudad más grande de México, en una enorme ciclopista, la cual, bajo el amparo del programa “Sistema Bici Pública” ha reducido considerablemente las principales arterias que conforman la red de calles leonesas, siendo ahora una verdadera odisea atravesar las avenidas durante algunos cuantos metros.

Tal pareciera que todo es parte de un plan malévolo para desaparecer la industria automotriz: aumento del pasaje en el transporte público, costos elevadísimos respecto a las multas de tránsito, reducción desde hace algún tiempo de carriles de circulación de varios bulevares y avenidas para dar entrada a las conocidas “orugas”, la ampliación de la red de ciclovías que prácticamente han abarcado la gran extensión geográfica de la ciudad; y ahora tenemos como novedad más reciente el Sistema Bici Pública donde se le da preferencia al ciclista.

La pregunta obligada es: ahora que andaremos todos en bicicleta (situación que nos angustia, porque no comprendemos cómo harán los abogados para llegar a tiempo a los juzgados, cuando  éstos se encuentran a más de doce kilómetros de distancia), ¿se creará un nuevo reglamento que regule el comportamiento de los ciclistas, los cuales de forma temeraria, recorren calles sin la más mínima precaución subiendo banquetas y circulando en sentido contrario, sin casco ni rodilleras?  Espero que las madres de familia que tienen que llevar a los niños al colegio, adquieran una bicicleta lo suficientemente espaciosa para llevar consigo a dos pequeñuelos, aunados al peso de las mochilas escolares.

Y ya que estamos hablando de “prioridad al ciclista”, ¿cuándo comenzaremos a darle prioridad a la educación? Sería una utopía recorrer las calles y ver con agrado, letreros que digan “prioridad al lector”. Y continuando con ese complicado tema de las prioridades, cuestionamos con la curiosidad de un gato, ¿cuándo priorizaremos a la seguridad pública, el analfabetismo, el hambre, la pobreza, la salud pública, el combate a la corrupción, al nepotismo, al saqueo diario?

Ver el recorrido de los pocos ciclistas que circulan por las calles de nuestra ciudad, es inevitable recordar la canción infantil de don Francisco Gabilondo Soler, conocida como “el chivo ciclista”, donde se alude a una pobre bestia que montada sobre el artefacto de dos ruedas, va a parar al pavimento por no saber andar (¡cuántos chivos en bicicleta circulan a diario por doquier!).

Más que una ciclovía, necesitamos un verdadero “golpe de timón” (por aquello de que el título está de moda) a todas las instituciones gubernamentales, quienes lejos de proveer al pueblo de un bienestar común, se han encargado de hacer de la función pública una verdadera ensalada de corruptos, cuyos principales ingredientes son la incompetencia, la ignorancia, el nepotismo, la deshonestidad y la falta de principios éticos y morales.

Ante todo este panorama, sobresale la discrepancia entre la adquisición de vehículos motorizados que alcanzan altas velocidades (Corvettes y Camaros), con el hecho del fomento al uso en bicicleta.

Creo que es hora de adquirir nuestra bicicleta y convertirnos en “chivos ciclistas”, y para aquellos que no saben andar, recuerden lo que dice el maestro Gabilondo Soler: “todo es cuestión de practicar”. Ahora, que si lo suyo no es andar sobre dos ruedas, puede entonces imitar a la tortuga que protagoniza aquella canción de “caminito de la escuela”, e ir encargando a su juguetería favorita, su par de patines para que al igual que nuestra tortuguita, “procure ser puntual”.

Más que una ciudad en movimiento, creo que la estamos convirtiendo en una ciudad en retroceso. Sería bueno que el encargado de esta bella fantasía saliera a dar la cara a todos los afectados con este sistema y nos diera una explicación que nos permitiera comprender, porque honestamente, no estamos entendiendo nada.  Un abrazo fraternal. Ah, por cierto, ¿alguien sabe dónde puedo ponerle una parrilla a mi bicicleta para poder transportar mis expedientes? Saludos.

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