Suele decirse que el crimen es una cuestión de oportunidad. Un claro ejemplo es el de Marcel André Henri Félix Petiot, quien se aprovechó del tenso clima de la Segunda Guerra Mundial para convertirse en uno de los peores asesinos seriales de Francia.

Todos sabemos que desde el 22 de junio de 1940 hasta diciembre de 1944 los nazis y las fuerzas del Eje ocuparon Francia, como resultado de la derrota de los Aliados. Lo que quizá muchos desconozcan es que fue la época perfecta para que un psicópata matara gente con total libertad.

Fue conocido como Marcel Petiot, y nació en Auxerre en 1897. Desde pequeño estuvo atraído por la perversión y el delito. Le gustaba torturar animales pequeños, y tuvo tantos problemas en la escuela que lo expulsaron de varias instituciones.

Tenía 17 años cuando dañó un buzón, delito que para hoy en día parecería inofensivo, pero en aquel entonces significaba algo muy serio. Aun así, fue puesto en libertad y lo reclutaron para participar en la Primera Guerra Mundial y ya desde entonces demostraba su desequilibrio mental… que, por cierto, sabía esconder muy bien, pues al terminar el conflicto bélico estudió la carrera de medicina y se radicó en Villeneuve-sur-Yonne, donde fue alcalde, aunque al poco tiempo fue denunciado por malversación de fondos públicos.

Marcel se casó y tuvo un hijo, haciendo lo posible por ocultar su deseo de matar. Llegó con su familia a París y puso un consultorio, pues en todos lados era conocido como alguien de poco fiar. Para su fortuna era 1942 y los nazis ocuparon Francia.

CRIMINAL ENTRE CRIMINALES

Al percatarse de que muchísimas personas querían huir de la Ciudad Luz, Petiot ideó un plan: se hacía pasar por miembro de la resistencia y le decía a la gente que los sacaría del territorio para llevarlos a Argentina. ¡Ah! Pero era necesario que los vacunara primero para evitar contagios en América. Sus clientes, a quienes cobraba 25 mil francos y eran judíos en su mayoría, accedían de buena fe… y Petiot les inyectaba cianuro.

Arrojaba los cuerpos al río Sena y se quedaba con el dinero y las pertenencias. Sin embargo, cuando ya no pudo seguir ese modus operandi empezó a quemar cuerpos en el horno de su casa.

Una mañana, nazis y franceses se percataron de que salía humo negro de una chimenea. Cuando tocaron a la puerta unos policías parisinos les dijo, tranquilamente, que era miembro de la resistencia y acababa de matar agentes de la Gestapo. ¡Los oficiales incluso lo felicitaron por ser un patriota!

Mientras Petiot seguía cometiendo sus crímenes, llamó la atención tanto de las autoridades de Francia como de la Gestapo. En el periodo de ocupación se presume que mató a más de 27 personas de todos los géneros y edades, al menos las confirmadas.

El médico asesino tuvo que huir cuando sus crímenes eran imposibles de ocultar. La policía sabía de sus delirios de grandeza, y publicó una nota en los diarios cuyo título era “Marcel Petiot, soldado del Reich”, de modo que el aludido reclamó en otra carta y fue detenido un 2 de noviembre en una estación de tren, cuando pretendía abandonar la ciudad.

Con el paso de los años el caso se volvería muy popular. Este se ha abordado en el libro “Death in the City of Light: The Serial Killer of Nazi-Occupied Paris” de David King, y un cómic de su vida llamado “The butcher of París”.

Fue llevado a la guillotina (la forma más francesa de ejecución) en 1946 y antes de subir al cadalso, dijo a los testigos: “caballeros, no miren. Esto no será bonito”.

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