El autoproclamado “Hombre aranceles”, Dondald Trump, nuevamente amenazó con imponer aranceles a todas las importaciones de bienes mexicanos, en incrementos mensuales de 5 por ciento, si el gobierno de México no emprende acciones para detener de tajo el flujo de migrantes ilegales hacia los Estados Unidos. Como lo señaló el presidente Trump, para el mes de octubre, todos los bienes importados de México, podrían estar pagando un arancel del 25 por ciento. Si bien esto podría parecer malas noticias para México, la realidad es que el efecto negativo, impactaría no solamente en nuestra economía, sino también en los bolsillos de los consumidores de nuestro vecino país del norte.
Vamos por partes. De acuerdo con una nota periodística publicada por Bloomberg, la amenaza de Trump no podría haber llegado en peor momento para la ya de por sí débil economía mexicana. Los autores del artículo afirman que, de cumplirse esta amenaza, podría hundir a México en una recesión económica; y forzar al Banco de México a incrementar las tasas de interés para controlar la creciente inflación. Según una de las economistas citadas por los articulistas, México verá caer su Producto Interno Bruto, y acelerarse el crecimiento de la tasa de inflación, convirtiéndose en un desastre para nuestro país. Desde esta perspectiva, se plantea un escenario apocalíptico para México, dado que se prevé un crecimiento de la economía – previo a la amenaza – de menos del uno por ciento para este año.
Pero lo cierto es que, de llevarse a cabo la imposición de aranceles a nuestras exportaciones, no la pasarán nada bien en los Estados Unidos. La citada nota señala que, estos aranceles, afectarían no solamente bienes finales, sino también bienes intermedios. Dado que las cadenas de suministro entre ambas naciones están altamente integradas, el impacto para algunos productores estadounidenses podría ser desastroso. Según un análisis de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, un arancel del 5 por ciento a las importaciones mexicanas por parte del estado de Texas, podría representar un costo de 5.35 mil millones de dólares; pero un arancel del 25 por ciento, elevaría el costo a 26.75 mil millones de dólares. Claramente el efecto adverso se sentiría en ambos lados de la frontera.
La siguiente cuestión es, ¿quién tendría que pagar por estos aranceles? Incrementar los precios no es sencillo, porque podría representar un alto riesgo de pérdida de clientes para las empresas. Seguramente, en un inicio, las empresas mexicanas buscarían absorber parte o la totalidad del costo que representaría el arancel, impactando negativamente en sus niveles de rentabilidad. Sin embargo, pasado un cierto nivel, esto sería prácticamente imposible para las empresas, lo cual forzaría a negociaciones e incrementos en los precios. Lo que sigue es completamente previsible. Dado que las empresas – vendedoras y compradoras – ya no estarían dispuestas a sacrificar sus ganancias, deberán trasladar el sobrecosto a los consumidores finales, afectando los bolsillos de los consumidores al norte de nuestra frontera.
Para Donald Trump, la imposición de aranceles hace mucho más bello este mundo. En su percepción de la realidad, las empresas que no estarían dispuestas a pagar los aranceles, decidirían cerrar sus plantas productivas en México, para migrar a los Estados Unidos. Quizás esto pudiera ser cierto en una minoría de casos. Sin embargo, la realidad es que el presidente de los Estados Unidos, estaría condenando a su país, a absorber un elevadísimo costo. Tan es así, que el mercado accionario en los Estados Unidos, tuvo su peor caída en casi una década. Estamos de nueva cuenta, enfrentándonos a los berrinches y comportamientos caprichosos de un hombre que, con toda certeza, no llevará a cabo sus amenazas.
