Conocí a don Toño hace muchos años cuando era niño, a principios de la década de 1970, por las hazañas que mi papá me contaba acerca de él.
Mi papá sí lo vio jugar, y estaba orgulloso de que ‘La Tota’ fuera de León, no de nacimiento sino adoptado por la ciudad y la afición, pero era de León.
Jugó cinco mundiales, más que ninguno otro futbolista en el mundo, y eso que entonces hubo estrellas, monstruos de las canchas. Antonio Carbajal brilló por encima de ellos.
Tuve oportunidad de platicar con él, sin micrófonos de por medio. Sólo de charlar. Y conocí al don Toño dicharachero y alegre, totalmente antagónico al exigente y refunfuñón técnico que vi entrenar a los porteros de varios equipos profesionales.
Pero sobre todo, conocí a la persona íntegra y dedicada a los jóvenes, a la promoción del deporte y los valores, y a rescatar a quienes caían o estaban por caer en las garras de la drogadicción y la delincuencia.
El martes falleció el héroe y nació la leyenda. El futbol internacional se vistió de luto. La ciudad de León también.
La directiva, que para errores se pinta sola, ya había regado el tepache hace unos días con el incremento exagerado de los precios de los boletos en la ‘trilogía’ con los Tigres, que enfureció a la afición por el ‘castigo’ directo al bolsillo, en lugar de un premio por el apoyo y la solidaridad mostrada a lo largo del torneo.
Por si fuera poco, esta directiva convocó a la afición a darle el último adiós al ídolo bajo la portería de la Puerta 5 del Estadio León.
¿En el Día de las Madres?
Era de esperarse que la afición no acudiría. El estadio lució vacío, sólo familiares, amigos, y desde luego jugadores y fuerzas básicas, estuvieron presentes.
Triste despedida le dio León a este enorme héroe que entregó su vida, literalmente, por poner a esta ciudad en el mapa mundial del futbol y por rescatar y formar hombres y mujeres de bien para la localidad y para el país.



