Sin pretender ser exagerado o alarmista, he querido buscar de manera breve y sintetizada los adjetivos y sentimientos que he escuchado por parte de la sociedad civil durante estos tres años que alcanzó la victoria el partido Morena de la mano de su líder y fundador López Obrador. Desde ese día 1 de julio del 2018, comenzó a escribirse un nuevo capítulo en la historia política, social y económica de México.

Desde aquel momento que se alzó con el triunfo AMLO, nadie dudó o puso en tela de juicio su aplastante triunfo, como tampoco la legitimidad del proceso electoral por parte de la institución responsable de organizar las elecciones: el Instituto Nacional Electoral. Millones de mexicanos de clase media, hartos y cansados de más de lo mismo por parte del PRI y del PAN, apostaron por el candidato antisistema, surgido en el sistema.

Sin embargo, en el ambiente político del 2018 y durante el tiempo que se llevaron a cabo las campañas, las promesas del candidato opositor AMLO sonaban descabelladas o en el mejor de los casos, exageradas. Cómo olvidar aquellas arengas discursivas donde decía qué si gobernara Morena, el precio de la gasolina no costaría más de 10 pesos el litro. Cómo olvidar también sus promesas de acabar, terminar y aniquilar con el “gran cáncer” de México, la corrupción.

Jamás dijo durante su campaña, él “cómo” lograría bajar el precio de los hidrocarburos, en el caso concreto de la gasolina. Mucho menos, el de su gran “bandera política” de acabar con la corrupción, nunca explicó al pueblo de México el procedimiento administrativo para erradicar el nefasto mal que padecemos los mexicanos con la arraigada tradición y cultura de la tranza. Lo más que llegó a decir fue que en su gobierno habría gente honrada y sin tachadura en su prestigio personal y toda la transparencia.

Las mentiras afloraban una tras otra, mientras hablaba y hablaba sin ton ni son, ante la algarabía y la ilusión de millones de mexicanos que veían al gran ilusionista como la esperanza de México. Y cuando se refería al otro gran tema, que dolía y ofendía a todos los mexicanos por igual, la inseguridad. Prometiendo quitar a los militares y regresarlos a los cuarteles, ya que los soldados representaban lo más podrido de la corrupción y su asociación histórica con el crimen organizado.

A partir del 1 de diciembre del 2018 ya con la investidura presidencial, la instauración de esa pesadilla comunicacional llamada, “las conferencias mañaneras”, donde ha convertido a la institución que representa en una ridícula caricatura de mentiras y engaños al pueblo de México, ocasionando no solo desilusión, sino sufrimiento al por mayor, a través de su retórica torcida y miserable.

De acuerdo con un estudio de la consultora política SPIN, desde la primera “mañanera” del 8 de diciembre del 2018 hasta el 30 de junio pasado, AMLO ha dicho 56 mil 181 afirmaciones falsas o engañosas, lo que conocemos como MENTIRAS. Lo que representa, 88 veces mentir y engañar en cada conferencia. Ha hecho de la mentira una forma de gobernar, generando caos y conflictos en las estructuras políticas y peor aún, generando dolor y sufrimiento en millones de seres humanos y familias.

La llamada 4T ha sido una mal llamada transformación del régimen, donde la gradualidad del cambio, es decir, la cuestión de si los cambios considerados están más o menos implementados, han sido impuestos de forma desorganizada, improvisada, desarticulada y violenta. El resultado está a la vista, guerras de guerrillas entre el crimen organizado en todo el país, violencia generalizada, guerras entre grupos privados y los episodios de terrorismo repetidos y en gran escala en México.

ESCRIBE UN COMENTARIO