No cabe duda que los tiempos han cambiado, y entre el cambio climático y el avance tecnológico, la llamada ‘Semana Mayor’ ha evolucionado de forma considerable.
Todo cambia y evoluciona, y la Semana Santa no es la excepción. Basta con consultar los documentos alusivos a estas fechas que se encuentran en el Archivo Histórico Municipal de esta ciudad. Hay varios artículos sobre el tema, uno de ellos escrito por quien fuera el cronista vitalicio de la ciudad, Carlos Arturo Navarro Valtierra. Uno de los muchos textos del tema es “Tradiciones de Cuaresma” en el número 4 de la revista “Crónica Leonesa”.
Hace años, tanto en León como en otros municipios del país, era común que la gente se mojara durante el sábado de gloria, ya fuera a cubetadas, con pistolas de agua o bien, con globos. Hoy en día, con la terrible y adversa sequía que vive todo el país, es imposible volver a esta práctica, además de una falta de conciencia.
Durante los años cincuenta, sesenta, setenta y hasta inicios de los ochenta del siglo XX, la Semana Santa era una época de guardar reflexión y luto. Estaba prohibido ver películas o escuchar la radio, a menos que se tratase de productos audiovisuales religiosos. Las mujeres usaban velo y los hombres, guardaban un solmene silencio.
El documento antes citado de Navarro, señala: “En la década de los cincuenta del siglo XX. En el miércoles de ceniza era raro que el leonés no acudiera al templo a tomar ceniza y a rezar”.
Cuando León era una pequeña villa y faltarían todavía siglos para que la mancha urbana se convirtiera en lo que es hoy en día, se contemplaba el tránsito de la Procesión del Silencio como uno de los espectáculos más importantes de las fechas, y las viviendas mostraban adornos no solo de simbología religiosa, sino relativos al luto o al duelo. Dicha ceremonia de Procesión del Silencio y de luto empezaba en los principales barrios y solía terminar en el Barrio de San Juan de Dios, para concluir en la Iglesia franciscana.
