Los juguetes de lata, realizados por artesanos mexicanos, son una de las más perdurables tradiciones mexicanas, que en un mundo de videojuegos y gadgets, persisten con una fuerza centenaria. Es posible contemplarlos y adquirirlos en la Feria León 2017.
María Rosario Landín Moya, originaria de la comunidad otomí de Orduña de Abajo, ubicada en el municipio de Comonfort, Guanajuato, se dedica formalmente a la creación, promoción y venta de estos juguetes que eran sumamente populares para los niños mexicanos durante la primera década del siglo XX.
María del Rosario se ha dedicado a la creación de juguetes toda su vida, y no únicamente a eso, pues su conocimiento ha abarcado cestería (creación de cestas) bordados tradicionales, fibras duras y semiduras y últimamente, promueve la muñeca de trapo otomí, que se ha ido perdiendo con el paso de los años y ella espera recuperar.
“Me encanta conservar las costumbres y tradiciones de los municipios, en particular mi comunidad que es indígena. Cuando vi que estaba desapareciendo las artesanías quise promoverla. Aprendí tomando cursos lo relacionado con cartonería y juguete, mientras que la cestería ya elabora mi papá”.
VERIEDAD
Tomando latas puede crear llantas, cochecitos o camiones. Aunque es un trabajo que le apasiona, no descarta que la lámina le provoque cortes en las manos, como sucede con la lámina reciclada. A veces de una lata salen dos piezas, y debe adaptarse a los tiempos modernos, pues anteriormente las ruedas de los cochecitos eran de corcholatas, pero cada vez es menos común encontrarlas.
Con respecto a las muñecas otomíes, Landín explica que prácticamente la tradición está perdida, por lo que ella imparte talleres para su creación en la Biblioteca de San Miguel de Allende. Las confecciona enrollando pedazos de tela reciclada: gracias a lo que tiran las costureras, surgen las muñecas.
“El gusto está presente. A los niños les gustan estos juguetes”, dice Landín.
