
Se terminaron las Olimpiadas en Paris y ahora siguen los Juegos Paralímpicos, que están constituidos por atletas que participan de países de todo el mundo, los cuales no cuentan con su cuerpo totalmente integró, hay casos en que tienen pérdida parcial o total de brazos y/o piernas y en algunos casos son débiles visuales e incluso con ceguera total y participan en todas las disciplinas conocidas: atletismo en todas sus formas tan variadas como carreras, lanzamiento de bala, jabalina, salto de altura, de longitud, triple y muchos más; natación con su nado de pecho, dorso y libre en diferentes distancias y hay que admirar a esos seres maravillosos que están nadando a veces con un solo brazo o una pierna, pero que hacen lo imposible por hacer las cosas bien hechas.
Se le estruja el corazón a cualquiera que podemos observar por la televisión estas pruebas deportivas. También hay pruebas ecuestres, tenis, esgrima y todo lo que usted se pueda imaginar en las cuales los mexicanos han conquistado al empezar el sábado 3 medallas de oro, 5 de plata y 7 de bronce y se encuentran en el lugar 28 del medallero mundial y este domingo es la ceremonia de clausura.
Para poder celebrar todo este mundo deportivo existe algo que no se ha citado en ningún periódico o en la televisión, para dar un justo reconocimiento a unas personas que han entregado su mejor esfuerzo y preparación durante estos días, que en número de 45,000 se repartieron en las olimpiadas y los juegos paralímpicos, sobre todo en estas últimas que solicitan atenciones especiales, pues por lógica, al no tener suficiente movilidad o la posibilidad de satisfacer las necesidades más básicas, es absolutamente necesaria la presencia de un voluntario.
Si describimos a un voluntario como tal, es aquel que entrega su mejor esfuerzo de atención todos los días de una manera íntegra y la mayor parte de ellos sin cobrar absolutamente nada y solamente por tener un bienestar personal del deber cumplido, porque siempre será gratificante atender al prójimo.
Vivir una Olimpiada de cualquier tipo es algo que marca en la vida de quienes somos observadores por televisión y a veces en forma presencial, como nosotros que participamos en un movimiento mundial y grandioso, que se llama Olimpiadas Especiales, cuando en el 2003 el Lic. Mauricio Medina Ibarra era el Delegado Regional de estas mujeres y hombres de diferentes edades que sufren de alguna carencia de la mente como Síndrome de Down, Debilidad Mental y muchas más variantes, pero en su cuerpo están completos, pues es otro tipo de discapacidad diferente de los que participan en los paralímpicos y ese año 2003 fuimos a Dublín, Capital de Irlanda.
Fue una experiencia única el haber presenciado el esfuerzo deportivo de estos 3,500 participantes de cerca de 100 países del mundo, podemos afirmar que las instalaciones donde se celebraron estas olimpiadas estaban perfectamente bien arregladas y preparadas para desarrollar todas las disciplinas deportivas y la calidad de la gente irlandesa y toda la organización fue maravillosa y pudimos presenciar de cerca como daban su mejor esfuerzo todos los participantes de todos los países del mundo, algo verdaderamente gratificante e inolvidable, inclusive nos tocó como integrantes de la delegación premiar algunos de los atletas de diferentes países.
Por supuesto que también aquí los voluntarios estuvieron presentes, en número de 30,000 y los irlandeses que formaban parte de ese movimiento eran personas de ambos sexos, de una preparación académica muy importante, que hablan dos o tres idiomas, que estuvieron durante 15 días y noches atendiendo a los participantes.
Nos llenó de orgullo presenciar que Javier Borrego, de aquí de León, Gto., conquisto en prueba Atlética una medalla de plata y en Boliche Héctor González, también de aquí de León, conquisto 2 medallas una de Plata y una de Bronce en Individual y en Equipo.
Vivir y convivir con estos atletas especiales es maravilloso, es un mundo de ilusión que se hace posible gracias a que en aquel entonces en el mundo Olimpiadas Especiales ocupaba un tercer lugar en número de países participantes, con alrededor de 200, ya que el primer lugar lo ocupaba en ese año la ONU y el segundo lugar la Cruz Roja Internacional.
Este movimiento en su principio nació en Estados Unidos, cuando la familia Kennedy, que tenía algunas personas con discapacidad, sintió la necesidad de realizar este magno movimiento universal.
Nos tocó ver la ceremonia de inauguración, pero sobre todo la de clausura en un estadio que le cabían 80,000 espectadores más los 3,500 atletas, más las personas que acompañaban a las delegaciones éramos cerca de 100,000. Yo recuerdo con gran emoción que en el presidio lógicamente estaba la familia Kennedy y este personaje de renombre mundial, Nelson Mandela. Esto fue una fiesta enorme, inolvidable, grandiosa, de gran colorido y sobre todo una experiencia única de haber estado en una ciudad tan bella, siempre verde y la calidez de los habitantes de Dublín fue maravillosa.
Para terminar, solamente quiero decirles que cada quien estamos cerca de un discapacitado, tomemos la oportunidad de ser voluntarios y participemos en la forma que podamos.