
Mientras que miles de habitantes esperan se regularice la actual temporada de lluvias, en la comunidad la Haciendita sus cientos de residentes están temerosos de quedarse incomunicados, ante una nueva inundación.
Ubicada a un costado de la vialidad que lleva de Nochebuena a la colonia las Teresas y a unos metros de ex Hacienda de Santa Teresa, esta zona rural, cada año se queda incomunicada, debido a la crecida del arroyo que la atraviesa de norte a sur.
La corriente de este arroyo cada año impide que los pobladores de esta comunidad puedan comunicarse por vía terrestre, debido a la gran cantidad de agua que baja desde la zona de Burrones y corre con dirección a zonas más bajas.
“Todos los años con las lluvias crece el arroyo y la gente ya no puede pasar o salir hasta que baja, pero luego dura días. Nos hace falta mucho un puente, pero en presidencia no nos han atendido”, dijo el delegado Lázaro Mosqueda.
Recordó que desde hace 5 años ha acudido ante las autoridades municipales para poder contar con su apoyo y construir el puente que evite quedarse incomunicados, pero hasta ahora nadie les ha hecho caso.
Con una población cercana a los 200 habitantes, esta comunidad también presenta problemas con otros servicios públicos, como el alumbrado, transporte público, seguridad, entre otros.
Sus habitantes no han tenido más remedio que vivir sin agua potable, de la cual sólo pueden abastecerse por medio de pipas, las cuales cada día cuesta más poder adquirirlas.
Para todos ellos, las lluvias si bien traen beneficios, también los deja sin poder comunicarse con otras partes de la ciudad y así han estado a lo largo de sus vidas, la mayor parte de sus pobladores, que se sienten olvidados y marginados.
“Cuando llueve la gente ya sabe que antes que baje el río tienen que cruzar del otro lado sus camionetas o coches, mientras la gente tiene que esperar a que baje la creciente para poder salir, afirmó Micaela Rodríguez, ama de casa.
Los pobladores de esta población rural, la cual literalmente ya ha sido absorbida por la zona urbana lamentaron que sus peticiones no hayan sido escuchadas hasta ahora y que tengan que sufrir cada año esta situación.
Además, su actual ubicación, sólo a unos metros de distancia de lo que sería la compuerta de la Presa la Tranquilidad tampoco les ha favorecido, pues el proyecto se encuentra prácticamente muerto.
“La gente ya no tiene esperanza que esto se componga porque cada vez pasa más tiempo y nadie nos hace caso, nadie nos toma en cuenta” aseguró Lázaro Mosqueda.