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TAXISTAS A CONTRACORRIENTE

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Han pasado más de dos meses y aunque los operadores de taxis ven un ligero incremento de servicios, aún no tienen un futuro claro, al menos en lo inmediato.

Desde el inicio de la contingencia están atentos y ofreciendo sus servicios, que han sido requeridos más últimamente, pues la gente ha empezado a recorrer la ciudad con un poco más de afluencia.

Eso se nota más en las mañanas y tardes, aunque su labor ha cambiado por el simple hecho de trabajar en medio de una pandemia; algunos grupos son conscientes pero otros choferes se muestran más escépticos.

«Pienso que es más exageración que otra cosa, porque lo que están amolando es la economía muy feo, los políticos te dicen ‘no salgas’, pero si no sale uno, no come».

«Ellos porque trabajen o no, tienen su buen dinero, pero ¿en qué le ayudan a nosotros? a nada«, dice Alfredo Urrutia, quien relata que tuvo que empeñar un pequeño aparato electrónico para poner 3 litros de gasolina a una unidad propiedad de su jefe.

De cualquier modo, al preguntarle por medidas, saca un cubrebocas y muestra una pequeña botella de gel antibacterial.

«La que veo que no trae (cubrebocas) y estornuda, le regalo uno aquí adentro, porque hay veces que estornudan cerca».

En efecto, el taxi es un transporte en que es imposible guardar el distanciamiento.

Javier Hernández Rodríguez es otro operador que renta una unidad. Dice creer en el virus, por lo que también tiene esas medidas con los pasajeros.

«Más vale, muchos dicen que no, pero más vale, mientras sean peras o manzanas, traigo mi cubrebocas».

Relata su experiencia con una señora que subió. Venía de una clínica.

«Un día subió una señora con ojos hinchados y me dijo ‘no se preocupe, no es coronavirus, estoy mal de la presión’, pero quieras o no, sí te asusta».

La mayoría de los taxistas hoy en día no trae cubrebocas. Sólo unos cuantos los muestran en su trabajo.

Sobre la afluencia de gente, comparten que se mantiene en los mismos niveles, aunque Javier y Miguel creen que hay un ligero incremento, en comparación de más de la mitad que disminuyó a raíz de la pandemia, según Alfredo.

Eso sí, todos creen que es necesario seguir trabajando. A eso se dedican y tienen que sostenerse.

Alfredo es incluso más drástico:

«Hay que salir, prefiero morir en la calle trabajando, que en mi casa encerrado, con más problemas psicológicos (…) de todos modos, si no salgo (no gano dinero), y sin hacer nada, menos».

«Se ve en días en que la gente se ocupa un poquito más, esperemos que este fin de semana se componga más», concluyó Javier.

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