
Leticia Díaz Chávez es una de las 109 personas que se han recuperado de padecer COVID-19 en el estado de Guanajuato y en entrevista exclusiva con El Heraldo relató la forma en que vivió esta triste situación.
Ella estaba viviendo en Chicago, Estados Unidos, en donde empezó con un dolor de estómago y después se le quitó, pero al siguiente día tuvo asco, le dio escalofrío, se le quitó el hambre y tenía un sabor muy amargo en la boca; sin embargo, en aquel país le dijeron que esos no eran síntomas de coronavirus y le mandaron hacer estudios del hígado, por lo que decidió regresar a su lugar de origen para atenderse con su médico familiar de confianza.
2 días antes de regresar a México la señora Leticia acudió con una médica en Chicago porque seguía sin hambre y se estaba deshidratando y ésta le dijo que no padecía COVID-19.
EN MENOS DE 24 HORAS YA NO PUDO RESPIRAR BIEN
Por esa razón decidió volver el marte 14 de abril a Yuriria, Guanajuato. “Yo todavía en el avión me sentía relativamente bien, pero ya llegando a su pobre casa después de salirme de bañar ya sentía que me faltaba el aire”, expresó.
Dijo que fue cuestión de minutos para que “ya no pudiera respirar” pues llegando al doctor en Yuriria inmediatamente la llevaron a Uriangato para que se le hiciera la prueba y al llegar al hospital general de este municipio tuvieron que hospitalizarla.
Del martes 14 al viernes 17 estuvo hospitalizada en Uriangato y por la madrugada del viernes la trasladaron al centro estatal de cuidados críticos en Salamanca donde estuvo 4 días.
Después, cuando fue dada de alta de Salamanca regresó al hospital general de Uriangato pero con una mejora muy notable.
Finalmente, y luego de 14 días hospitalizada, durante la tarde noche del pasado 27 de abril finalmente fue dada de alta y los doctores y enfermeros la despidieron entre aplausos.
FUE DIFÍCIL Y TRISTE NO VER A SU FAMILIA CERCA DE 2 SEMANAS
Ella tiene 53 años y también padece diabetes, por lo que estaba dentro del grupo de personas más vulnerables.
Durante la hospitalización ella relató que lo más difícil de estar en cama, más allá de no poder respirar bien, es el no ver a sus familiares, era de las cosas más tristes y difíciles.
Cuando dio positivo a COVID-19 “sentí miedo, y me sentía mal”. Relató que toda su familia durante su hospitalización estaba desesperada y cuando le notificaron a su hija que estaba en Salamanca inmediatamente se fue para allá; su hija nunca había salido de Yuriria.
A través de las enfermeras y del personal de trabajo social estuvieron siempre informando a sus familiares sobre su situación de salud.
TRISTEMENTE SUS FAMILIARES SUFREN ‘UN TRATO DIFERENTE’
Actualmente la señora Leticia está en su casa en Yuriria pero las personas como sus vecinos y más habitantes de aquel municipio tratan de manera diferente a sus hijos e incluso los discriminan.
“Los ven mal, piensan que al arrimarse los van a contagiar, a mi hijo en una tienda lo sacaron. Eso es lo que a mí más me duele. No es justo…”, expresó.
Para las personas que no creen en esta enfermedad la señora Leticia les dijo:
“Sí es real, yo lo viví, les pido que se cuiden que tengamos protección al salir, guardar distancia, es una experiencia muy triste y nadie quiere estar en un hospital”, sentenció.
Ella es una de las personas que han superado esta enfermedad y que afortunadamente nadie en su familia se ha contagiado.
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