La palabra “contubernio”, en su acepción enciclopédica, significa “alianza o confabulación vituperable, alianza para fines censurables”, es decir, es un pacto entre personas deshonestas para lograr un fin personal en perjuicio de un tercero.
La semana que antecede, hicimos una crítica (esperemos que haya sido constructiva, o por lo menos reflexiva) dirigida hacia la Procuraduría General de Justicia, dejando a ver algunos puntos referentes a la debilidad institucional de la que adolecen.
Ha llegado el turno a la Secretaría de Seguridad Pública. El día de ayer se difundió a lo largo y ancho de las redes sociales, el lamentable asesinato del oficial Filiberto Mendoza, quien murió al ser emboscado por grupos pertenecientes a la delincuencia organizada. La pregunta obligada es: ¿cómo se pretende garantizar la seguridad pública, es decir, la seguridad de la ciudadanía, si no siquiera pueden garantizar la seguridad de sus elementos? Cabe recordar que hace unos meses, la corporación volvió a vestirse de luto, con el homicidio del Comandante Antonio de Jesús Báez Tapia, y esas funestas noticias nos hacen pensar que algo se está haciendo mal.
¿Qué están haciendo mal? Es inconcebible la forma de actuar de la Secretaría de Seguridad Pública, quien ante los resultados negativos, nos deja en claro que no se cuenta con la preparación adecuada para el cargo, o peor aún, que estemos hablando de posibles contubernios con personas que nada tienen qué ver con la seguridad pública.
Y no se trata de darle a la sociedad “atole con el dedo”, haciéndonos creer que se trabaja arduamente en la materia, creando grupos “especializados” en todo y en nada (Centros de Atención a Víctimas, Grupos de prevención a la violencia de género, antipandillas, de reacción, y no sé qué más ocurrencias maquinen a la hora de dormir).
Hoy en día se unieron a la circulación policial, una unidades muy bonitas pintadas en color amarillo, pertenecientes a los nuevos Centros de Atención a Víctimas, cuyas principales funciones es levantar denuncias y dar atención victimal de primer nivel. Hacemos la observación que no es labor primordial del elemento policial levantar las denuncias ciudadanas, ya que esa es una de las principales funciones de las Agencias del Ministerio Público, por lo que en este caso, aplica perfectamente el dicho “zapatero a tus zapatos”, ya que la Procuraduría de Justicia no necesita que le hagan su trabajo.
Le reitero a la Secretaria de Seguridad Pública, que su principal función es la de prevención del delito, sin embargo, en este rubro deja mucho que desear.
Elementos cansados, con jornadas de trabajo de más de doce horas continuas, explotados laboralmente en contra de su voluntad haciéndolos acudir a los llamados “servicios extraordinarios”, en un ambiente de constante acoso sexual hacia las compañeras de la corporación, generado en muchas ocasiones, por los propios superiores jerárquicos, arrestándolos por el más mínimo error, son los que tristemente conforman nuestro cuerpo policial.
¿La pregunta es del indio o del que lo hace compadre? No podemos responsabilizar al oficial de policía, de la deficiencia de las funciones de Seguridad Pública, ni podemos culparlo por no acudir rápidamente a los reportes ciudadanos, ya que la consigna de los altos mandos es darle mayor prioridad a los comercios, por lo que es más probable que se atienda un robo a una cadena comercial, que un intento de violación por la zona de la estación Delta.
Es lamentable observar como circulan como pólvora, fotografías de asaltantes que operan con total descaro, y son los propios ciudadanos los que difunden dichas imágenes. ¿Qué está pasando?
Delincuentes asaltando a plena luz del día y frente a las comandancias de policías (Cualquier parecido con “El Chuky” asaltando frente a la comandancia de la Colonia los Ángeles 2, es mera coincidencia).
No es posible que tus propios elementos se sientan vulnerables ante su propia dependencia, temerosos de hacer su trabajo por no caer en las manos de un proceso ante Derechos humanos o Asuntos Internos.
Dice el dicho que “el valiente vive hasta que el cobarde quiere”, la pregunta ahora es: ¿Quién es el cobarde y quién es el valiente?
Estimada secretaría, déjese de contubernios que sólo benefician a unos cuantos, y enfóquese en las verdaderas demandas de la ciudadanía, que lejos de querer que Usted les tome su denuncia, quiere que usted acuda a su llamada de auxilio de forma inmediata, y mejor aún, caminar por las calles sin temor a ser atacados por los delincuentes que no pudiste o no quisiste atrapar.
