Como que no pasa nada.
Entre dimes y diretes se fue una década del Siglo XXI.
Así nada más.
Una década.
¡Caray! Se pasó como un suspiro, para muchos y no tanto para otros.
En retrospectiva parece que México no avanzó mucho en su sistema político-gubernamental.
Si analizamos lo sucedidito en los albores del Siglo XX nuestro país se encontraba con desigualdad social. Díaz empecinado en mantenerse en la silla evitando a toda costa que existiera el cambio, pues, ingenuamente creía que él era México, que el pueblo lo necesitaba y lo quería. La verdad distaba mucho de su perspectiva. Sus ideas y sistema envejecieron juntos y ante ello las voces del cambio y hacer realidad lo que fue ideal y motivo de su lucha, que dicho sea de paso, nunca cumplió
¡Sufragio efectivo, NO reelección!
Aunque nuestro país había cambiado y sucedía el progreso, la paz porfiriana fue la forma en que Díaz ejerció el poder en México durante más de 30 años. Esa etapa se caracterizó por la represión y el miedo, ante el desorden y las constantes guerras.
México presentaría un gran crecimiento motivado las inversiones extranjeras, que consigo trajeron la infraestructura ferroviaria y medios de comunicación como el teléfono, el telégrafo y la electricidad.
A pesar de ello, los tiempos estuvieron marcados por la discrepancia económica, la separación de los sectores sociales.
A Díaz se le olvidaron los pobres, así como crecimiento excesivo de ciertas zonas, respecto del rezago de otras, por lo que la balanza de pagos creció desfavorablemente debido a que gobernaría en función de los ricos. (Bautista*, 2003).
El régimen de Porfirio que se amparaba bajo los lemas de “orden y progreso” y “poca política, mucha administración”, no respondió de manera justa a sus programas ni cumplió con todos sus retos, lo que dio paso a la “Revolución Mexicana” auspiciada por intereses extranjeros, principalmente de los gringos.
A pesar del intento por conducir la economía a un lugar seguro, la mayoría de los gobiernos establecidos posteriores al movimiento revolucionario (1910 a 1917-1920) nunca trataron de mantener el progreso generalizado de nuestro país permitiendo el estancamiento de muchas zonas y la separación de las clases sociales que aún persiste, de manara muy marcada ,hasta nuestros días.
Hoy, al final de la segunda década del Siglo XXI, parece que no hemos aprendido de las lecciones que nuestra historia y el pasado nos han enseñado. Obviamente porque solo una pequeña parte de la población cuenta con los recursos para educarse, mientras que el 45% del país está sumergido en la pobreza.
Las ideas del actual mandatario de nuestro país no son tan distintas con las de otros que gobernaron previamente. Está lleno de buenas intenciones coqueteando con aquellos que han estado y seguirán siendo marginados y pretendiendo ayudar.
Generando conflictos con quienes tienen los medios para mantener la economía y las finanzas del país con certidumbre, por considerarlos una mafia y a la verdadera caterva de maleantes les otorga su perdón.
Incongruencias de la vida.
Nuevamente, surge el flirteo y la necesidad de buscar la reelección que mantuvo a Juárez y Lerdo de Tejada en el poder y la excusa de Díaz para luego quedarse durante 30 años.
La mayoría lo niega, como en su momento muchos otros. Sin embargo, lo vemos en los hechos con el autoexilio del dictador Evo Morales y su asilo en México (no bien recibido).
Necesitamos quitarnos las telarañas de la cabeza, como bien dijo David Ibarra Muñoz (ex Secretario de Hacienda (1977-1980) recientemente (La Jornada, 2019**) y buscar creatividad para mejorar las finanzas y el crecimiento. Es necesario que el gobierno no sea tan restrictivo e inicie inversiones lo cuál generaría confianza. La austeridad mal dirigida crea conflicto y rezago. Promover la exportación, mitigando las importaciones para controlar el déficit presupuestario. Dejar a un lado los hidrocarburos (recursos perecederos y contaminantes) como fuente de ingresos y promover la energía limpia.
Se fue una década, con ella la esperanza del cambio dando paso a la inseguridad, los fraudes, la lucha armada contra la delincuencia organizada, tan organizada que ahora mueve los hilos de la política y con ella parte de nuestra vida.
Una década que dejó enseñanzas, recuerdos, alegrías, sinsabores y dudas.
Se acerca la nueva década.
Mientras sigamos culpando a los demás, sin asumir nuestro compromiso como personas, y la responsabilidad que conlleva, nuestra sociedad seguirá hundida en más de los mismo.
¡Hasta la próxima!
*Oscar Diego Bautista. (2003). La deuda externa en la historia de México. 22/11/2019, de Revista Iberoamericana de Administración Pública Sitio web: https://eprints.ucm.es/6970/.
**González Amador, R. (2019). David Ibarra: la economía no se reduce sólo al crecimiento. 19/11/2019, de La Jornada Sitio web: https://www.jornada.com.mx/ultimas/economia/2019/11/19/david-ibarra-la-economia-no-se-reduce-solo-al-crecimiento-6106.html
