En los próximos días pasados se inauguró toda una andanada de discursos, los cuales, unos serán sin sustento, e inclusive que sus argumentos carecerán de hechos contundentes, y algunos pretenderán la manipulación que les traiga aparejada beneficios personales. Probablemente escucharemos muchos discursos plagados de engaños, en donde nos presentarán una verdad a medias, en la cual solo nos darán comentarios de algunas de sus fortalezas casuísticas, es decir, que se dieron por accidente, pero en realidad nunca nos dirán los hechos como son en realidad porque de serlo así, el auditorio tomaría una decisión contra sus propios intereses, y en forma definitiva sería rechazado este manipulador.
Así las cosas, serán pocos aquellos que hablen con transparencia, con rendición de cuentas, y menos aún serán los que reconozcan su incapacidad de dirigir a la sociedad; por tanto, es el momento de estar alertas para no dejarse llevar por slogans publicitarios y por simple demagogia pura, tenemos que ser críticos para cuestionar por qué se hizo algo o por qué se fue omiso en hacer lo que era una obligación, no hay mañana , no se pueden pedir nuevas oportunidades cuando no se supo actuar ipso facto a la altura del trabajo exigible por el conglomerado social.
Lo anterior es aplicable en todos los espacios en la política, la economía y la sociedad, particularmente, puntualizaré, que a partir de hoy debemos de visualizar que León busca un auténtico líder por lo que, si lo encuentras síguelo, pero no sin antes de plantearte los siguientes juicios de valor que comparto contigo a través de este discurso argumentativo:
Carl Schurz afirmó “los ideales son como las estrellas; nunca las podemos tocar con las manos, pero al igual que los marinos en altamar las tenemos como nuestra guía, y siguiéndolas llegamos a nuestro destino”.
Ahora mismo, sin lugar a dudas, todos los seres humanos tenemos metas e ideales, que pueden ser de tipo personal o colectivo, déjenme ocuparme de estos últimos, que son aplicables al quehacer social, en donde hace falta que los desarrollemos, pero que nos damos cuenta que son pocos los que se atreven a encabezar los grandes movimientos para buscar el bienestar social, y a éstos los conocemos como líderes.
Como lo he dicho, la sociedad contemporánea se debate en una gran crisis de valores culturales, familiares y sociales. Por lo que para vencerlos necesitamos de líderes con carisma, con empuje, con mesura, con la madurez de exhortar a todos y todas para intentar resolver la problemática que nos aqueja.
En esa tesitura, este líder o líderes, deben reunir a las personas más valiosas sobre un fin altruista, de cooperación, de ayuda, solidaridad y fraternidad, con la exigencia de que este líder en concreto se olvide hasta de él mismo, es decir, debe dejar de lado el manejar el “yo” para hablar de “nosotros”, que difícil será dejar claro que deberá de anteponer los intereses de grupo para privilegiar la unión, pero sólo esto lo logrará hablando con la verdad, sin cortapisas, sin maquillajes en donde sólo pondere lo que ha hecho bien, pero por supuesto, reconocer lo que ha hecho mal o lo que no ha podido hacer. Solamente así podremos confiar pero aquellos que se empecinen en tener el poder por el poder, nunca tendrán la confianza del pueblo, porque la verdad a veces tarda pero siempre vence al oscurantismo y a la demagogia.
A renglón seguido cito a Harold Robbins “hermanos míos hemos aceptado ese desafío (el desafío de la democracia), hemos creado sindicatos para ayudarnos mejor en nuestro desafío diario…pero hay algo más en el desafío, que el simple sindicalismo. El desafío real es la vida. Merecemos algo mejor que simplemente nacer, trabajar y morir. Porque el mundo en que vivimos también es nuestro mundo, que todos y cada uno de nosotros debemos dejar en él, nuestra huella”.
Basta ya de discursos de los que se ocupó el gran líder Mahatma Gandhi, cuando se refirió a éstos “señor, ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles. Si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito no me quites la humildad, si me das humildad no me quites la dignidad. Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo. Enséñame a querer a la gente como a mí mismo y a no juzgarme como a los demás, no me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso”.
La lectura que les quiero dejar a todos aquellos que siguen mi columna, es que llegó el momento de pedir cuentas a los líderes actuales para saber con precisión quién cumplió y quién no, para aplaudir a los que quisieron y pudieron cumplir con sus promesas y a rechazar quienes fueron omisos o nos engañaron, a saber distinguir a aquellos que se venden en simulacros porque anteponen sus intereses, en suma, en saber distinguir entre el demagogo y manipulador con el líder que hoy necesitamos.
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