Durante los últimos días de este mes de diciembre, pero de 1845, ocurrió uno de los hechos más importantes en cuanto al folclor de San Francisco del Rincón se refiere.
Se trata de la historia de las Brujas de San Pancho.
El municipio de San Francisco del Rincón es conocido por su industria sombrerera, y además, por sus brujas.
Durante gran parte del Siglo XX, era común encontrar curanderos y magos en las calles, particularmente en barrios como el de La Cebolleta, donde hasta el día de hoy los vecinos recuerdan que allí vivían mujeres de nariz alargada, ropas negras y sombreros puntiagudos.
El impacto de las brujas y brujos francorrinconenses ha pasado a la historia y ha ganado fama en todo el mundo.
Nombres como el de Natividad Reyna, y las macabras Poquianchis, personajes que se han convertido en villanas sin alma de la cultura popular mexicana, son algunos de sus más claros ejemplos, así como el equipo de futbol de la ciudad: Los Brujos de San Pancho.
LA LEYENDA
En el Archivo Histórico Municipal de San Francisco del Rincón hay una carpeta con documentos e historias sobre las y los brujos que han poblado la ciudad desde siglos.
Como sucede con toda narración oral, que posteriormente es registrada por escrito, las fechas de los hechos varían.
La información abunda en libros, documentos sueltos, blogs, Wikipedia y Youtube.
Así de grande ha sido la leyenda de las Brujas de San Pancho.
Todo comienza la noche del 31 de diciembre, cuando un policía caminaba por el barrio de La Cebolleta.
Se asomó a una ventana y vio a dos mujeres, Antonia Lomeña y Jacinta Parra, llevando a cabo un ritual de magia negra, rodeadas de velas y un gato del mismo color.
El policía las mandó detener y el alcalde anunció que serían quemadas en la plaza principal.
Al día siguiente, no se quemó a las brujas. El evento se pospuso para el siguiente domingo. Y para el siguiente…. Y el siguiente.
Tanto “se hizo de emoción” que buena parte de la población de los Pueblos del Rincón acudió al lugar, fortaleciendo el comercio.
Las brujas no fueron quemadas, pero sí exhibidas. Fue así como la leyenda quedó en la mente de Guanajuato.
LA VERDAD
Como toda leyenda, hay una realidad detrás de los mitos: Todo se debió a lo que hoy en día llamaríamos una ‘treta publicitaria’ creada por José Atanasio Guerrero.
Él quiso atraer comercio de Purísima del Rincón a San Francisco del Rincón, ya que en aquel entonces las ventas se realizaban en Purísima.
Cuando el chisme se corrió como pólvora en la entonces sociedad rural del México del Siglo XIX, fue predecible que todo mundo se congregaría a ver cómo quemaban a las brujas, cosa que nunca sucedió.
El texto del Archivo Histórico apunta:
“Este hecho fue una de las circunstancias que contribuyeron, no decimos ya a cimentar sino a fundar nuestro rudimentario comercio”.
LA MEMORIA
Actualmente, basta con darse una vuelta por el barrio de La Cebolleta y conversar con las personas de la tercera edad.
Todas ellas afirmarán que cuando eran más jóvenes la gente acudía a pedir limpias y trabajos de brujería, pero con el paso de los años la tradición ha decaído hasta casi desaparecer.
María Guadalupe García, dueña de una tienda de abarrotes, recuerda que “desde siempre” y desde que ella tiene memoria, se habla de brujas en el barrio de la Cebolleta.
De la misma forma, señoras como Rosa Elena Méndez y Demetria Reyes recuerdan que en el Callejón del Mirto, a unos pasos de su casa, habitaban brujas.
Las brujas, como personajes de la leyenda y la ficción en general, han quedado plasmadas en la mente de muchos seres humanos, no sólo los de San Francisco del Rincón.
Para muestra basta recordar las ancianas de “Macbeth” de William Shakespeare o las que estudian al lado de Harry Potter.
