Nuestro Presidente de la República, desde que estaba en campaña, ha mencionado, reiteradamente, que busca la paz y la felicidad. La Real Academia Española, define el término felicidad, como un estado de grata satisfacción espiritual y física; y también como la ausencia de inconvenientes y tropiezos. Si bien esta es una aspiración humana, vale la pena reflexionar sobre cómo puede influir el gobierno en nuestro estado de felicidad. De acuerdo con un artículo del Instituto de Ciencias de la Felicidad, de la Universidad Tec Milenio, 50% de nuestro bienestar tiene un componente genético, 10% es circunstancial y 40% depende de nuestras acciones y voluntad. Siendo así, parecería que las acciones de gobierno no tendrían un efecto importante en nuestra felicidad ¿o sí?
Según el World Happiness Report 2019, auspiciado por las Naciones Unidas y la Fundación Ernesto Illy, los gobiernos son responsables de construir el marco institucional y de política pública, bajo el cual los individuos y las organizaciones operan. Esto tiene dos consecuencias. Por un lado, las acciones de gobierno sí tienen un efecto en la felicidad de los individuos. Por el otro, la felicidad de los ciudadanos tiene un impacto en el tipo de gobierno que estos apoyarán en las elecciones. Por ejemplo, el citado estudio señala que, el aspecto que mayor impacto negativo tiene en la felicidad de los mexicanos es la violencia y la inseguridad. Al percibir que el anterior gobierno fue incapaz de mejorar las condiciones de seguridad pública en el país, los ciudadanos aparentemente decidieron por un cambio de régimen.
Este cambio de régimen no es exclusivo de México. Algunas otras naciones están eligiendo gobiernos de izquierda, tal como sucedió el primero de julio del año pasado en nuestro país. Esto podría estar relacionado con el nivel de bienestar y felicidad de los votantes. El reporte señalado en este espacio, aporta elementos de diversos estudios académicos, que podrían evidenciar la correlación entre la felicidad – o infelicidad – y el aumento de gobiernos de corte socialista. Si bien no se definen con exactitud las características de estos gobiernos, sí se enfatiza el hecho de que, los políticos que han salido victoriosos, exacerban las virtudes de las gente común; y repudian a las élites corruptas en el poder. Con ello, tratan de destacar el descontento generalizado de los votantes.
Los resultados parecen indicar que, la búsqueda de la felicidad, podría ser una buena estrategia de campaña. Según uno de los estudios citados por el World Happiness Report 2019, las personas con un menor nivel de percepción de bienestar personal parecen votar por cambios de régimen político. Adicionalmente, las personas con una mayor sensación de infelicidad opinan que tener un líder fuerte, a cargo de las riendas políticas, es bueno para el país; y tienden a sentir una mayor afinidad, por políticas públicas autoritarias. Una variable adicional, muestra que, las personas menos felices en un país muestran una mayor propensión a votar por políticos que pugnan por el nacionalismo y la autosuficiencia, en oposición a la globalización.
Aparentemente el hablar de la felicidad tiene un beneficio en los procesos electorales y en la posibilidad de que un partido se mantenga en el poder. Según lo demuestra el referido estudio, los gobiernos se han enfocado, tradicionalmente, en el beneficio económico del país y de sus ciudadanos. Pero esto no es suficiente. Los políticos que han decidido hablar del bienestar y de la felicidad, más allá del crecimiento del PIB de un país, están resultando victoriosos en las elecciones. Ahora que celebramos el Día Internacional de la Felicidad, esperemos que este mensaje político, se traduzca en acciones concretas que incrementen nuestros niveles de bienestar; y que no sean solamente mensajes para obtener una ganancia electoral.
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