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Sabores de la feria de León…

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León se viste de fiesta, estamos en días de feria, una gran tradición de nuestra ciudad, pero no siempre fue así.
La historia comenzó en 1876 cuando se celebraron las primeras Fiestas de Enero con una exposición de agricultura, incluida la gastronomía, la industria y bellas artes en la Casa Municipal y un desfile de carros alegóricos que pasó por las principales calles de la ciudad. Pero la continuidad se vio envuelta en la ruina y desapareció algunos años. Volvió en el año de 1885 he incluía además las bellas iluminaciones, carreras de caballos, juegos permitidos por la ley y algunas corridas de toros. Se volvió a suspender por las inundaciones de 1888 y regreso en 1897 y en 1900 se agregaron a los atractivos el combate de flores. Se siguió realizando y en 1943 se volvió costumbre, aunque se realizaba en varias localidades de la ciudad hasta que en 1962 se realiza como Feria Estatal que tuvo atractivos como charreadas, espectaculares carreras de motocicletas, corridas de toros y muchos atractivos más, la fiesta leonesa comenzó su ascenso y crecimiento paulatino y en todo ello siempre omnipresente estuvo y esta la gastronomía mexicana con sus auténticos sabores de feria, sus colores, y su variedad.
Todos hemos gozado de la inmensa variedad de platillos que son la delicia de chicos y grandes, hay quien incluso solo asiste a la feria de León a saborear sus antojitos y a beber alguna deliciosa bebida. En cada platillo se concentran los sabores ancestrales de nuestra cultura, misma que es característica de esos ricos antojitos, y que han pasado de generación en generación para quedarse en el paladar de cada visitante que se da cita en estas tradicionales festividades de nuestra ciudad.
La comida de feria, más que platillos, costumbres, sabores, es también el reflejo de una cultura basada en tradiciones, la magia y el arte.
Mientras vamos combinando el paseo, los juegos mecánicos que nos invitan a retarlos y gozarlos, esos juegos mecánicos llenos de luz y sonido, de fantasías y de adrenalina, después de los juegos nos trasladamos a pasear por los puestos, los stands llenos de novedades y ofertas, mientras realizamos esos paseos, generalmente vamos disfrutando alguna golosina como una paleta , un helado ,un algodón de azúcar o papitas con chile, pero la feria de León es algo más que simple jolgorio, despilfarro, ocio, glotonería, parranda y diversión, se entrelazan la danza, la música, los cohetes y juegos pirotécnicos, la comida, la compra y el simple paseo, el convivio con la familia, los amigos, o simplemente solo pero disfrutando a lo grande y deleitándose con los antojitos.
Caminando por las instalaciones de la feria de improviso te encuentras con los infaltables algodones, mmm, esa delicia de chicos y grandes, algodones de tamaños diferentes, de grandes coloridos, a un lado te encuentras los carritos de churros espolvoreados con azúcar y que el expendedor te entrega en papel de estraza listos para ser devorados, luego de disfrutar esos placeres y continuar caminando te diriges a los puestos de antojitos, no sabes si fue por instinto o por placer o atraído por los olores que despiden tan exquisitos cada uno de los puestos en cuestión. Ahí comienza la odisea: huaraches de innumerables guisos, de frijoles, de chicharrón, de garbanzo con nopales, de carne, de nopalitos, todos acompañados de unas salsas sin igual, y en otro puesto de al lado encuentras tacos de todos los habidos y por haber, de buche, de cabeza, de chorizo, de arrachera, de filete, de bistec, de cuantas cosas que no te imaginas y que dan gusto a tu gula. Nada más das un paso y encuentras los sopes, que decir de ellos, delicia culinaria, al igual que los huaraches y los tacos siempre van guarnecidos de deliciosos guisos, de queso con una salsa hecha a mano que esta para chuparse los dedos, de chicharrón duro o en salsa, de nopalitos recién cortados un día antes, de frijol con papas, todos acompañados de su inseparable salsa, y para beber encuentras las tradicionales aguas frescas de fruta de temporada, de horchata, de limón con chía, de Jamaica, de naranja, de tamarindo, o bien un bien llamado “chocomil “en vaso gigante, de fresa o de vainilla.

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