Desde que tuve mi primer contacto, a la edad de 12 años, con el material fotográfico de Romualdo García, durante el traslado de este archivo, de su casa en Mezquita No. 4 al Museo Regional de Guanajuato Alhóndiga de Granaditas, adquirido por el Mtro. José Chávez Morado a las hijas de don Romualdo, Adriana y Lucia a mediados de la década de 1970, me pregunté cómo hacía para que esas imágenes de la gente y escenas de la ciudad de Guanajuato aparecieran en una placa de vidrio o de plástico.
Tiempo después aprendí el arte de la fotografía y lo comprendí.
DON ROMUALDO
Romualdo García Torres nació en la ciudad de Silao, Guanajuato, el 6 de febrero del año de 1853, allí pasó los primeros cinco años de su vida, seguramente una infancia tranquila, rota sólo por el bullicio del comercio que pintorescamente ofertaba sus productos: gallinas, guajolotes, chivos, puercos, frutas y verduras, que tan generosamente se cultivaban en ese bajío, y otros tantos productos, que a gritos buscaban atraer al marchante.
¿Pero qué hizo que se trasladaran a la capital del estado?
En ese tiempo, la economía de Silao era muy sólida por las prósperas haciendas que allí existían: Franco, Aguas Buenas, El Bosque, Cerritos, Coecillo, Comanjilla, Loza de barrera, Medio Sitio, Nápoles, La Pila, Puerta Grande, San Agustín, San Diego, San Francisco de Puerta Chica, San Isidro, Sotelo, Trejo y Chichimequillas. Esta última fue donde nació el tradicional baile del torito.
Silao en esa época era conocido como “el dormitorio de Guanajuato”. Las grandes personalidades de la política, el arte, la ciencia y los más acaudalados comerciantes de la capital, huían de los fétidos olores que emanaban del río a cielo abierto, que atraviesa la ciudad de Guanajuato.
También eran atraídos por las aguas termales que brotaban de los manantiales de Aguas Buenas y Comanjilla, al que le adjudicaban propiedades curativas y medicinales.
Feliciana Torres, madre de Romualdo, recibe una invitación para trabajar en la capital con Cenobio Vázquez, primo lejano y propietario de una botica ubicada en la calle de la Cruz Verde, quien la emplea como ama de llaves y le ofrece vivir en los altos de su negocio.
ESTUDIOS
Una vez establecidos, Romualdo inicia sus estudios primarios en la escuela de Belén. Poco después empezó a trabajar también en el establecimiento de don Cenobio, lavando los recipientes en que preparaba y vendía los medicamentos, recibiendo su primer sueldo que era de nueve centavos diarios. Es allí donde conoce a don Vicente Fernández, también originario de Silao, reconocido en Guanajuato como un sabio y culto personaje, recordado aun como una de las grandes glorias del Colegio del Estado, (Hoy Universidad de Guanajuato); era también un serio aficionado a la fotografía. Este hombre, 16 años mayor que Romualdo, le enseñó los principios elementales de la física y la química.
Al concluir su educación primaria, ingresa a la escuela de artes y oficios tomando clases de dibujo y pintura, siendo su profesor el conocido pintor Luís Monroy, egresado de la Academia de San Carlos, pero a pesar de que siempre mostró gran dedicación y entusiasmo, la pintura nunca se convirtió en su medio de vida. También estudia música y aprende a tocar varios instrumentos.
Ya con los conocimientos musicales, Romualdo ingresó como ejecutante del flautín a la Banda del Primer Ligero de Guanajuato, dirigida por don Telésforo Vargas. En la Banda, Romualdo percibía un sueldo ya bastante digno por amenizar las veladas musicales en el Jardín de la Unión, al lado de músicos como Dionisio Gómez, maestro de piano y Celso Espinosa, quien se hiciera famoso arreglando una orquestación para Ángela Peralta, conocida tiple.
Romualdo deja la botica pero alterna su trabajo de músico con sus primeras impresiones fotográficas, procurando así obtener mayores ganancias para mantener a su madre.
Es posible que el mismo Vicente Fernández y Gabriel Montes de Oca instruyeran a Romualdo en el arte de la fotografía. En ese tiempo, el proceso fotográfico predominante era el colodión húmedo, este era un procedimiento muy laborioso y caro, donde la placa debía ser preparada químicamente y sensibilizada al instante; la toma y el revelado se hacían antes de que la emulsión secara o todo el proceso fracasaría. En poco tiempo pudo adquirir las placas secas ya preparadas, traídas de Europa, fue un avance en fotografía, pues simplificó de forma considerable el trabajo, redujo los costos y la hizo más accesible al público en general. Iniciaba así la era de la fotografía instantánea.
En el año de 1886 contrae matrimonio con María Guadalupe Martínez, en la Parroquia de Guanajuato. Romualdo dijo ser “filarmónico de profesión”, aunque ya para entonces había comenzado a hacer sus primeros trabajos fotográficos con tanto éxito que se entusiasmó y fue dedicándole cada vez más tiempo.
Cuando decide dedicarse a la fotografía como profesión definitiva e instalar su estudio, la manera de obtener el dinero necesario fue realizando estampas religiosas, tomadas de imágenes que había en el templo de la compañía de Jesús. Con eso obtuvo los recursos suficientes para abrir su estudio fotográfico en 1887, en la calle de Cantarranas No. 34, de forma profesional y el cual anunciaba con la leyenda: “fotografía instantánea”, símbolo de cambio y modernidad.
Con Romualdo la fotografía adquiere un nuevo sentido, más democrático, pues llega a ser un recurso al alcance de aquellos que, sacrificando sólo un poco de su economía, pueden ahora tener un recuerdo permanente de un ser querido o de sí mismos. Unos pocos años antes no era posible que los estratos bajos de la sociedad pensaran en tener un retrato, ya que sólo las clases altas tenían acceso a este nuevo procedimiento.
Por el estudio de Romualdo pasan lo mismo el pobre que el rico, el campesino, el ingeniero, el minero, el doctor, el carpintero, el licenciado, el danzante, las familias completas para aprovechar la foto y una cosa muy interesante sucede, cuando un niño moría, la familia gastaba lo poco que tenía para, a través de la fotografía, mantener la imagen del angelito muerto; es común que las familias pobres lo hicieran, los ricos pocas, muy pocas veces los retrataban.
PROFESIÓN
Creo que con Romualdo se conjugan una serie de circunstancias que propiciaron un desarrollo menos difícil para su profesión, el porfiriato estaba en pleno apogeo y más cuando el propio Porfirio Díaz promete mejorar el nivel cultural y comercial de Guanajuato, esto se refleja en las construcciones que se hicieron en la ciudad, sólo por mencionar algunas: el Teatro Juárez, el Mercado Hidalgo, Túnel El Tajín o Porfirio Díaz, la develación de monumentos como el de Miguel Hidalgo en la Presa de la Olla y el monumento a la paz en la plaza del mismo nombre. Aunado a la llegada del ferrocarril, el fotógrafo silaoense vivía pues el mejor momento de su carrera, y se convierte en el fotógrafo guanajuatense por excelencia.
En 1889 Romualdo participa en la exposición universal de París con ejemplares de retrato, obteniendo medalla de bronce.
Once años más tarde, en 1900, participa nuevamente en la Exposición Universal de París, esta vez con vistas campestres, nubes y otros, obteniendo nuevamente medalla de bronce.
Del matrimonio de Romualdo García Torres y María Guadalupe Martínez nacen seis hijos: Manuel, Salvador, Adriana y Lucia, Sara y Amalia.
Desafortunadamente la catastrófica inundación que sufrió la ciudad de Guanajuato en 1905, provocó que la producción de Romualdo, acumulada durante tantos años, se perdiera.
Romualdo García abandona su quehacer fotográfico en 1912, dejando el estudio en manos de sus hijos, Manuel y Salvador, quienes continúan la labor de su padre, pero en el campo de la producción de postales, primero de Guanajuato y luego de casi todos los estados de la República.
Fallece don Romualdo García a las 10:25 horas del día 17 de julio de 1930, a la edad de 77 años, víctima de cáncer de riñón.
