
El sábado pasado fue el Día Mundial del Donante de Sangre, y a pesar de los tabúes que aún existen respecto a que las mujeres donen, muchas lo hacen para ayudar a sus familiares o de manera altruista.
Claudia Revilla, originaria de León, cuenta que en su familia —mayoritariamente conformada por mujeres— es un hábito donar sangre. Explica que comenzó cuando tenía 23 años y lo hizo para ayudar a un familiar. Recuerda que tenía miedo de no pasar los exámenes, pero que, una vez superada esa prueba y al entregarle la bolsita con su jeringa que se llenaría de su sangre, la sensación fue aliviadora.
«Entonces ya uno pasa a las camillas, la enfermera ya nos conecta y nos dicen que apachurremos, es como una bombita. Entonces nos dicen: apachúrrela hasta que se llene. Y es una sensación muy padre porque la bolsita se siente bien calientita», recordó.
Revilla forma parte de los donadores de reposición, es decir, aquellos que reponen la sangre utilizada por un familiar o amigo hospitalizado. Ella lo ha hecho por su suegra y por familiares que se encontraban anémicas.
Contó que la última vez fue más difícil conseguir sangre, pues un familiar sufrió la amputación de un pie y se requerían seis donadores. Recordó que, en un solo año, donó dos veces. Agregó que muchas mujeres no acuden a donar por miedo a situaciones como el periodo menstrual, pero aclaró que esto no es un impedimento.
Justamente sus hermanas y sobrinas se unen ante momentos familiares difíciles, y cuando se les pide acudir a donar, aceptan.

«De hecho, mis hermanas también han ido. Mi sobrina me hizo el favor de ir. Mi esposo, antes de ser diabético, también muchas veces donó sangre. Pero sí es algo que nos gusta hacer», relató.
Agregó que se ha vuelto una cultura familiar ayudarse entre ellos mismos, pues es muy difícil encontrar quien done voluntariamente. Respecto a los tabúes existentes, pidió a las mujeres informarse, ya que pasar los filtros de salud también sirve para confirmar que se encuentran sanas.
En contraste con los donadores de reposición, están los donadores voluntarios, como Verónica Isela Guzmán, quien lleva 13 años donando sangre.
De acuerdo con sus registros, en más de una década ha realizado más de 20 donaciones. Comenzó cuando tenía 38 años, aunque cuenta que le hubiese gustado empezar más joven. Coincide con Revilla al pedir a las mujeres que rompan los tabúes.
«Entonces yo invito a esas mujeres que están temerosas de engordar o de que no van a poder, por X o Y razón, a que realmente se informen y salgan de esa duda», expresó.
Incluso recordó a una señora que supuestamente había sido rechazada por su estatura. Aclaró que, en efecto, sí existe una estatura mínima para donar: 1 metro con 45 centímetros.
Ambos testimonios reflejan una realidad que muchas personas enfrentan: la falta de información. A veces, quienes desean donar sangre se desaniman por comentarios o suposiciones que no siempre son ciertas.
Lo verdaderamente valioso contó Isela es promover el acceso a la información y no dejarse llevar por mitos o desinformación.



