La mañana de 11 de diciembre de 1978, todos los medios de comunicación del mundo informaron un impactante crimen: unos hombres armados, cubiertos con pasamontañas, ingresaron al hangar de la aerolínea Lufthansa en el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York, amagando a nueve empleados y llevándose 5 millones de dólares además de joyas con un valor de 875 mil dólares.

El hecho impactó incluso a los habitantes de Guanajuato, quienes se enteraron en plenas festividades decembrinas. La impresión no era para menos, pues en su momento fue el mayor robo en efectivo cometido en suelo estadounidense, dando lugar a varios libros y reportajes sobre el caso, e inspirando la película “Goodfellas” con Robert De Niro.

El caso es una historia en la que participan atracadores, habladores, mafiosos y policías, demostrando que en ocasiones, realidad y ficción resultan idénticas.

EL GRAN GOLPE

Aquella mañana, los empleados de la empresa antes mencionada se encontraban tomándose un descanso en el comedor, cuando a las 3:00 de la mañana llegaron en una camioneta 5 hombres vestidos de negro y encapuchados, quienes los sometieron. Robaron el contenido del hangar con una rapidez increíble, amenazando de muerte a la familia de uno de los trabajadores. Después, salieron con el dinero que, al moverse en bancos de otros países, era imposible de rastrear. A las 4:30 de la madrugada las autoridades recibieron el reporte. Ni un muerto y solo un herido superficial.

Parecía el crimen perfecto… pero tiempo después la mente maestra del caso, Jimmy Burke, se daría cuenta de todos los gigantescos errores. Para empezar, dos miembros de su banda se quitaron el pasamontañas antes de tiempo y uno de los rehenes sabía mucho sobre coches, por lo que no le fue difícil identificar la camioneta.

Pero aquello apenas empezaba: Parnell Edwards, quien tenía la responsabilidad de dejar la camioneta en un deshuesadero, prefirió hacerlo al día siguiente, y fue a un bar a emborracharse con su novia, sin siquiera limpiar las huellas dactilares y peor aún: alardeando sobre el robo entre otros ebrios. No fue sorpresa que la mañana del 18 de diciembre amaneció en su cuarto, con 6 plomazos en la cabeza.

Con el tiempo, otros miembros de la banda serían silenciados a punta de balazos. Fueron diez muertes de las que Burke fue responsable, apoyado por prominentes miembros de familias de la mafia neoyorquina.

Para salvar el pellejo, Henry Hill, otro de los atracadores, aceptó el trato del FBI de ingresar al programa de protección de testigos y a cambio, delatar a Burke, cuyo brillante plan comenzaba a desmoronarse cual papel tapiz descarapelado en baño público. En poco tiempo terminaron en la cárcel cerca de 50 personas implicadas en el aparatoso robo, entre ellos el propio Burke, quien dejó este mundo en 1996 estando tras las rejas, a causa del cáncer de pulmón.

Un caso de esas magnitudes permaneció abierto durante muchos años. Incluso, en 2014, se arrestó a Vincent Asaro, quien era líder de la familia Bonano, destacados mafiosos de Nueva York. Sin embargo, fue absuelto en 2015.

“¿Qué ocurrió con el botín?” Es la pregunta que se hacen todos los que leen, ven o escuchan este caso, y la respuesta es que nunca se recuperó. Es otro de los grandes misterios.

Aunque en “Goodfellas” una de las frases más memorables es “Nunca delates a tus amigos, y mantén la boca cerrada”, en la historia real nunca ocurrió así.

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