domingo, agosto 30, 2026
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Restaurar la fe: Susana García preserva la tradición de los Niños Dios en León

Sentada junto al bullicio del Mercado Aldama, rodeada de herramientas sencillas y figuras que guardan historias familiares, Susana García Martínez pasa sus días devolviéndoles la vida a los Niños Dios. Desde hace 15 años, sus manos no solo reparan pasta y madera, también restauran recuerdos, tradiciones y fe.

En un inicio, Susana se dedicaba a la venta de figuras y a realizaba para ella pequeños arreglos. Sin embargo, fueron los propios clientes quienes comenzaron a llevarle sus imágenes para que las reparara. Con el tiempo, la restauración superó a las ventas, por lo que decidió dejar de comercializar figuras y enfocarse por completo en este oficio.

Al preguntarle por qué las personas prefieren restaurar un Niño Dios en lugar de comprar uno nuevo, Susana asegura que la razón principal es el valor sentimental.

“Es por lo sentimental, porque a veces son figuras que ya tienen muchos años, de mis abuelas o de las abuelas de ellas, y las quieren conservar por el recuerdo que queda de las personas que ya no están”, explicó.

La señora Susana recuerda que el Niño Dios más antiguo que ha tenido en sus manos, según le comentó la persona que lo llevó a restaurar, tenía alrededor de 100 años de antigüedad y estaba elaborado con madera de patol. Toda la figura se encontraba descarapelada.

Relató que el proceso de restauración consistió en retirar el material dañado, pulir la superficie y volver a cubrirla, ya que la base es de madera y la capa superior de pasta.
Susana asegura que cada Niño Dios tiene su propia historia. Una de las que más recuerda es la de un adulto mayor que llegó con una figura que había encontrado en la calle, pero a la que le faltaban las manos. El propio señor le fabricó unas utilizando pegapiso.

“Se las hizo muy chistosas, planitas. Decía que ya tenía tres años con él y después se decidió a traerlo. Cuando vino por él estaba bien contento”, recordó.

También rememora el momento en el que el hombre tomó al Niño Dios en sus manos y lo besó, un gesto que la enterneció profundamente. Describió la figura como un Niño “de los de antes”, pesado y relleno.

Entre risas, Susana contó que incluso bromeó con ponerlo a dieta, ya que, según la hija del señor, constantemente le acercaban dulces y comida a la figura como parte de sus creencias. “Son cosas bonitas que uno va conociendo, dan ternura ver a personas con tanta fe y el cariño con el que tratan a las imágenes, como parte de su familia”, expresó.

Durante esta temporada, Susana restaura alrededor de 200 Niños Dios, de todos los tamaños: pequeños, medianos, grandes e incluso del tamaño de un bebé real. La demanda es tan alta que solo recibe figuras para restauración hasta el 10 de diciembre.

La mayoría de los Niños Dios provienen de comunidades y colonias de León, como Las Joyas, Duarte, Capellanía, Loza de los Padres y Los Ramírez. Esta tradición comenzó con Susana y actualmente es un oficio familiar, ya que trabaja junto a su hija, quien se encarga de pintarlos.

Mientras Susana realiza la restauración, su hija, en otra mesa, utiliza pinturas y pistola de aire para dejarlos prácticamente como nuevos.

“Yo los resano y mi hija los pinta, y nos acoplamos bien. Lo que más me gusta es la satisfacción cuando la gente revisa el trabajo y dice ‘qué bonito’. Que se vayan contentos es la mayor recompensa”, compartió.

Los costos de restauración van desde los 80 hasta los 500 pesos, dependiendo del estado en el que se encuentre la figura.

Este año, relató, recibió un Niño Dios que había sido mordido por un perro y estaba completamente quebrado, con los ojos desprendidos. A pesar de la dificultad, lograron restaurarlo y dejarlo como nuevo. “La cara es lo más complicado, pero tratamos de que quede lo mejor posible”, señaló.

Susana recordó que cuando comenzó en la restauración, permanecía en su pequeño puesto, ubicado junto al Mercado Aldama, hasta las dos de la mañana. El frío le congelaba las manos, pero continuaba moldeando y arreglando figuras. A las cinco de la mañana ya estaba de regreso trabajando, demostrando que este oficio, además de tradición, es una labor de constancia y amor.

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