
A sus 51 años y originario del Barrio de San Miguel, don Héctor dice haber comenzado a tocar el organillo a los 13 años de edad, pero ya formalmente a los 15 años que ya podía cargar esos 50 kilos que pesa debido a la madera y al material con que son elaborados.
Mencionó que desde marzo detuvo su actividad y forma de sustento porque con la contingencia ya no pasaba gente y no ganaba nada, pero este martes reinició aunque dijo estar muy tranquilo a diferencia de cuando no había coronavirus.
«Ahorita está a un 50 o 45 por ciento del dinero que uno acostumbraba a llevarse a su casa luego de 8 horas de trabajo al día porque empezó tempranito, y si no cae nada me voy, pero si en un día me va bien me quedo más tiempo», comentó uno de los pocos organilleros que aún hay en la ciudad.
«Mi abuelo fue uno de los fundadores de este oficio después de que estos aparatos se dejaron de fabricar en Alemania en serie, allá por el 1918 se hizo obsoleto, se guardaron y se dejaron al olvido y ahí surgieron los organilleros en la Ciudad de México, en la ciudadela del Centro de la ciudad de México. Ahí en la ciudadela inició mi abuelo a tocar luego de que se acomidió y le dieron trabajo y de ahí empezó a trabajar y de ahí se empezó a comprar organillo hasta hacerse una flotita«, concluyó