
El homenaje nacional que recibió Cecilia Suárez en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF) le retribuyó a la actriz un nivel de cariño apabullante, halagada por cómplices clave en su carrera.
La protagonista de La Casa de las Flores dijo que dudaba estar lista para un reconocimiento así porque cree que se requiere de más edad y ella se considera joven, pero también porque considera su trabajo algo colectivo y no merece más reflectores que otros.
Antes de tomar la Cruz de Plata del festival y la Medalla de Plata de la Filmoteca de la UNAM, escuchó a Ernesto Contreras llamarla una kamikaze del arte dramático y un ejemplo de valentía al atreverse a ofrecer siempre un lado vulnerable.
«Cecilia no busca que el público ame sus personajes, sino que los entiendan», resaltó quien la dirigió en Párpados Azules y Las Oscuras Primaveras.
Irene Azuela recordó que cuando se estrenó Sexo, Pudor y Lágrimas (1999), todos hablaban de Suárez como una belleza cautivadora, y añadió que al conocerla también le arrancó carcajadas su profunda inteligencia.
Suárez agradeció a todos sus colaboradores, pero sobre todo a su hijo, Teo, sentado a su lado y al que llamó su máximo maestro de vida.
«Este encuentro nos recuerda, una vez más, que frente al turbulento mundo que hoy nos toca vivir, será únicamente la mirada del otro y los actos colectivos, como lo es el cine, lo que nos permita vislumbrar en el horizonte un futuro que no se extinga», expresó la actriz.