jueves, septiembre 3, 2026
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¡Qué poca abuela!

Ahora fue el Secretario de Hacienda, el Dr. Carlos Urzúa, quien “metió la pata” al declarar que, los recursos que anteriormente estaban destinados a las estancias infantiles, ahora se entregarían directamente a los padres; y, con ello, los padres podrán decidir si darlo a una estancia infantil, o a la abuela, quien podría cuidar mejor a los niños que las propias estancias. Con esta decisión del gobierno, se incrementa la lista de programas sociales, que entregarán recursos directamente a los mexicanos más desfavorecidos. Esto obliga a una reflexión: sin dudar sobre la intención del gobierno, ¿cuáles pueden ser las consecuencias de corto, mediano y largo plazo de estas decisiones?

La línea discursiva de Andrés Manuel López Obrador ha sido clara desde un inicio. Por un lado, se ha empeñado en atribuir los grandes males del país a la corrupción y a la impunidad. Por ello, de un plumazo ha buscado desaparecer esquemas de intermediación, para la entrega de bienes y servicios públicos, para entregarlos directamente a la población beneficiada. Por el otro, ha buscado incrementar la base de programas de asistencia social, con la pretensión de garantizar un mínimo nivel de bienestar para las familias más pobres del país. Esto es algo que, por años, predicó en campaña; y que ahora está ejecutando, como Presidente de la República.

En el corto y mediano plazo – de uno a cinco años – la entrega de dinero directamente a las familias beneficiadas por los programas de asistencia social, seguramente tendrá un impacto positivo en su bienestar y, probablemente, los indicadores de pobreza tenderán a mostrar señales de mejora. Sin embargo, en el largo plazo, existe un elevado riesgo. De mantenerse, permanentemente, el flujo de recursos del gobierno a los beneficiarios, por medio de programas sociales con fines asistenciales, no solamente los requerimientos de recursos crecerán exponencialmente, sino que los incentivos para la autosuficiencia serán inexistentes. Esto, sin duda, amenazará el crecimiento económico del país; y minará el bienestar de todos los que habitamos este país.

La redistribución del ingreso, según el economista Michael Parkin, genera lo que él llama el gran intercambio entre la equidad y la eficiencia, ya que la redistribución utiliza recursos escasos y debilita los incentivos. Es decir, para que exista una redistribución de los ingresos, deben gravarse el trabajo y el ahorro. Aquellos que tienen un empleo, contribuyen con recursos, en la forma de impuestos, para ser entregados a aquellos que, por diversas razones, no pueden generar un ingreso suficiente. Esto desincentiva a los beneficiarios de los programas asistenciales porque, una vez que son capaces de generar un ingreso, dejarían de recibir los beneficios del gobierno. Esto deja atrapadas, a las familias más pobres, en la trampa de la asistencia social.

Por lo tanto, los programas sociales deberían estar diseñados, no solamente para aliviar la situación de pobreza actual de las familias, sino para asegurar, en el largo plazo, una solución definitiva. Esto solamente se logrará, desarrollando, en todos los mexicanos, la capacidad para mantenerse a sí mismos. Aquí es importante señalar la forma de lograr crecimiento económico. La única manera de alcanzar un mayor crecimiento económico se da mediante la inversión productiva. Es decir, en la medida en la que un país puede producir más bienes y servicios, tendrá una mayor capacidad de crecimiento. Es esencial apostar por el crecimiento.

Una medida del crecimiento económico es el PIB, entendido este como la producción total de bienes y servicios en el país. Para producir más bienes y servicios, deben darse condiciones propicias para la inversión, tanto pública como privada. Lamentablemente lo que presenciamos no es alentador. El gasto público en programas asistenciales está creciendo de manera brutal, mientras que los apoyos a emprendedores, la inversión en ciencia y tecnología, y las condiciones para las inversiones privadas están disminuyendo. En el corto plazo, mejorarán las condiciones sociales de los más necesitados. En el largo plazo esta fórmula no solamente dejará de funcionar, sino que el país comenzará a sufrir las consecuencias. Siendo así, tendremos que decir: ¡Qué poca abuela!

gituartem@gmail.com

 

 

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