Intermitente
¿Qué buscas en la noche con tu farola opaca?
Carlos Pellicer
Tengo la impresión de que no hay ser humano en el mundo que no se haya cuestionado ¿qué es el amor?, y más profundamente, ¿quién soy?, ¿qué hago aquí? También creo que cuando hemos estado en plena crisis existencial nuestra “solución” ha sido salir corriendo al fin del mundo, creyendo que lejos del “problema”, todo se acomodará y estará mejor… pero el problema somos nosotros y la realidad es que nos perseguirá a cualquier lado hasta que decidamos enfrentarnos.
Supongo entender que eso es lo que le pasa a María en el divertido y melancólico texto dramático “EL AMOR DE LAS LUCIÉRNAGAS” del joven mexicano Alejandro Ricaño, quien al igual que muchas cosas en la vida es una novedad para mí, así que le agradezco a mi muy enamorada alumna Araceli conocer a María y a Alejandro. Y es que Araceli nos habló tan apasionadamente de la obra, que logró contagiarnos a todos, y particularmente me puso a reflexionar sobre el amor, las luciérnagas y en cómo he desactivado mi luz.
Pero una cosa a la vez. “El amor de las luciérnagas” trata sobre María, una joven escritora de teatro para niños que se encuentra en crisis existencial-amorosa, y que cree que viajando a Noruega, por elegir cualquier lugar lejano, obtendrá respuestas. Y en cierta forma así es, pues después de adquirir una máquina de escribir “embrujada”, todo lo que escribe se vuelve realidad, así que cuando escribe sobre una ella sin defectos, una ella que es mejor que ella, y esta se vuelve real y empieza a tomar su lugar, María emprende la misión de buscarla para… no sabe para qué, pero debe encontrarse a ella misma, que realmente no es ella, pero sí. ¡Qué belleza!
Amo leer teatro porque me permite sacar a la loca de la casa: múltiples personalidades escondidas que ante un texto teatral se arremolinan para hacer voces y gestos. Amo leer teatro porque suele ser ágil y muy directo. No hay tiempo para irse por las ramas. Amo leer obras como “El amor de las luciérnagas”, porque me doy cuenta que no estoy sola con mis dudas y mis crisis, y que es parte de estar vivos el perdernos y encontrarnos, prendernos y apagarnos. Y porque ahora entiendo que esa es la naturaleza del amor: “El amor es como el de las luciérnagas… intermitente.”
Y así, entre las teclas de una máquina de escribir “mágica”, el salpullido, los orgasmos, una maleta perdida a la que le cojea una llantita, inundaciones y luciérnagas, María se busca a ella que ya no es ella, porque cambiamos constantemente aunque nos resistamos. El dolor, las crisis y el fracaso nos cambian, y porque así es la vida, intermitente. Y no sé si la vida es una prueba, pero sé, como aprendió María, que es mejor no esperar nada y soltar…
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