Estas personas de entre 92 y 102 años de edad, oriundas de las comunidades de Cañada de Juanica, en Tierra Blanca y La Tapona, en San Felipe, son las nuevas merecedoras de esta distinción que por segundo año se entrega en la entidad a personas con gran mérito en el resguardo de saberes y expresiones tradicionales.
El programa Tesoros Humanos Vivos es una iniciativa de la Secretaría de Cultura y el Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato con dos propósitos esenciales: reconocer simbólica y económicamente a adultos mayores que son portadores y custodios del patrimonio cultural inmaterial y a la vez establecer mecanismos de preservación y transmisión de sus conocimientos a nuevas generaciones.
Aurelia, de 102 años, es originaria de Cañada de Juanica, aprendió sobre plantas medicinales y técnicas curativas de su abuelas, padres y tíos.
Es una mujer muy apegada a sus tradiciones. Perteneció a organizaciones religiosas como el Ejército Azul, la Unión Femenina Católica Mexicana, la Vela Perpetua y la Adoración Nocturna.
Fue mayordoma de San Ildefonso y la Virgen de Guadalupe y formó parte del Consejo de Ancianos de Santa Juanita de Aza.
De Cañada de Juanica es también Atanasio, quien el 24 de febrero cumplirá 93 años. Trabajó desde niño como arriero y después elaborando canastas. Tras una breve estancia como bracero en Estados Unidos volvió a México y se convirtió en un experimentado albañil.
Formó parte de comités de mejoras y en 1997 se integró al consejo de ancianos. Ha colaborado como informante de la cultura tradicional y narrador oral para distintas instituciones estatales y federales.
Felipe, o don Fili, como se le conoce, es un veterano danzante nacido en La Tapona, hace 94 años. Toda su vida ha sido campesino, pero es también uno de los más veteranos capitanes de la danza de broncos.
Siempre cercano a las prácticas devocionales, desde los 10 años formó parte los coros de alabanceros y de más adulto se integró a la Milicia de los Batallones de San Miguel.
