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Presume historia para contar

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San Juan de Abajo es una colonia de León con mucha historia que contar. Es cierto que en la zona abundan las necesidades, que van desde la falta de seguridad y la necesidad de agua, pero también, es un importante vestigio de tiempos pasados, pues aunque hoy en día es parte de la mancha urbana, en tiempos pasados fue una importante hacienda.

Así lo informa el libro “Haciendas de León” escrito por el Director de Archivo Histórico Municipal, Rodolfo Herrera.

Quien camina por San Juan de Abajo y se encamina al área que comprende la escuela y la torre de Sapal, puede ver una estructura de color gris semiderruida, que, aunque no lo parezca, es uno de los registros del pasado, de la memoria de cuando aún no llegaban ni los automóviles ni los vestigios de la tecnología.

San Nicolás de Arriba y San Juan de Abajo fueron dos de las haciendas más antiguas de la zona. De acuerdo con el libro antes citado, la sección de San Juan de Abajo fue cedida a Francisco Aniceto Palacios en 1806. Posteriormente, el 20 de junio de 1859, Celso García de León, en representación de Guadalupe Herrera de Arizmendi, vendió a la señora Irene González en 16,500 pesos.

El terreno fue cambiando de dueños con el paso de los años. Para finales del siglo XIX, concretamente en el año 1894, los linderos de la zona eran: por el oriente, terrenos de la Guaracha y El Cuije, por el poniente, Dionisio Torres y Noria de Septie; norte, ranchos del Joconostle y el refugio, sur, San Sebastián de Capellanía.

Hoy en día, San Juan de Abajo es una zona con muchas necesidades, pero no se puede negar su importancia histórica.

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