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…Prefiero que se suicide

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Seamos sinceros y quitémonos las más máscaras, en algún momento de nuestras vidas hemos deseado matar a alguien que no soportamos porque tal vez nos ha hecho mucho daño, mucho más del que esa persona se imagina y siquiera identifica. Tal vez la realidad es que nosotros somos un cero a la izquierda para esa persona, pero algo que hizo, algo tal vez insignificante, terminó por trastornarnos la existencia, y ahora solo deseamos su muerte.

Pero eso sería ensuciarnos las manos y nosotros somos muy listos, (o así lo creemos), como para caer tan bajo. Además queremos que sufra, que sufra mucho antes de morir, y no es suficiente torturarlo físicamente. En definitiva elegimos la tortura psicológica que es más dolorosa y destructiva, y finalmente, no decidimos matarlo con nuestras manos ni contratar a alguien, “demasiado fácil… Y, dada la facilidad de ese asesinato, no estaba seguro de que me proporcionara la satisfacción necesaria. He decidido que prefiero que se suicide”.

John Katzenbach, escritor estadounidense de esta intrigante novela, EL PSICOANALISTA (2002), nos pone a observar cómo enfrenta esta espeluznante situación  el doctor Frederick Starks. O podemos elegir entender por qué “Rumplestiltskin”, quien ha observado por años al doctor y organizado con detalle esta venganza, ha puesto tanta energía en lograr que un hombre completamente común y corriente, fuera de su profesión de Psicoanalista, no tenga a sus recién cumplidos 53 años, otra opción que el suicidio.

Muchas veces me recomendaron esta novela, pero por alguna razón, creí que era aburrida, tal vez porque vista por fuera, aparenta un ladrillo; por dentro, la letra es pequeña. Además tiene primera y segunda parte, en total 36 capítulos que parecían infinitos, pero que una vez que comencé a leer me devoré y se resbalaron como arena, porque de repente te invade la necesidad de entender qué está pasando, quién ha planeado tan meticulosa venganza. ¿Cómo de repente tu vida puede desmoronarse toda para que sólo te quede como salida el suicidio que ni siquiera tú has planeado? ¿De dónde agarrarse para evitar esa decisión y regresar a la vida cotidiana?, y finalmente, ¿qué haría yo en los zapatos del doctor Frederick Starks?

Seguro usted ya está pensando en diferentes opciones para enfrentar esta situación y evitar el suicidio, pero le aseguró que el señor R ha pensado en absolutamente todo, y Frederick está completamente solo y derrotado… ¿o no?

Correo: lidia.almanza.orozco@gmail.com

Twitter: @LibrosLidia

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