EL TIEMPO QUE TE QUEDE LIBRE

José Ángel Espinoza «Ferrusquilla» fue el compositor de la canción que da origen a este apartado, por una razón que al escribano le sigue haciendo mucho ruido.

Si mis bellísimas lectoras y amables lectores se dieron cuenta o, cuando menos, tuvieron la ociosidad de detenerse a ver los noticieros y leer un poco los periódicos, habrán percibido un par de temas destacables en este momento:

De entrada, un grupo de feminazis embozadas, vestidas de negro, escondiendo la cara, obviamente, para evitar ser identificadas, muchas de ellas portando algunos trapos de color verde, martillos, varillas, tubos de acero, botes de pintura convertidos en lanzallamas; y, casualmente, en sus mochilas cargadas a la espalda, transportaban toda clase de artefactos para destruir vidrios, monumentos, lastimar y golpear personas, incendiar los escudos de las mujeres policías (es decir, las mujeres que dicen defender a las mujeres, golpeando salvajemente a otras mujeres, solo porque están vestidas como policías) y provocando toda clase de desmadres –la expresión vale porque “vandalizar” se oye muy elegante, pero se queda corto- amén de pintarrajear todo a su paso, con tal de exigir que el aborto se legisle en todo el país.

Los detalles fueron cubiertos con generosidad por las televisoras grandes y las chicas. Los comentarios llenos de “santa cólera” de algunos informadores e informadoras, no pasaban de ahí, en tanto que el mandatario mexicano defendía desde el púlpito el derecho a “protestar” que, según él, antes no se daba. Eso, al presidente le tomó un par de minutos comentarlo. Lo demás careció de importancia.

Al escribano le llamó la atención, en un primer plano, la furia y el odio de las encapuchadas al golpear con especial saña, las vallas metálicas que protegían la Catedral Metropolitana. Seguramente, muchas de las feminazis intolerantes que irradian tolerancia feroz, ya habían escuchado la homilía dominical del Cardenal Aguiar Retes, convocando a la marcha nacional a favor de la vida, la mujer y la familia.

Para las embozadas ese discurso “patriarcal” de odio del Cardenal, clamaba al cielo y exigía la destrucción del recinto catedralicio. ¡Faltaba más!

Evidentemente, para no despertar el sentido religioso y el recuerdo de “la Cristiada” de 1926-1929, los informadores se cuidaron muy bien de que no aparecieran las bombas Molotov lanzadas contra la Catedral.

Eso se vería muy feo, porque la Iglesia pediría investigar hasta el fondo y, molestar a Gertz Manero o a Rosa Icela Rodríguez que andan ocupadísimos viendo que Lozoya esté cómodo y tranquilo; y la Secretaria, indagando dónde los malvados neoliberales conservadores dejaron los 50 estados de la República, pues sería criminal agregar una carpeta de investigación, misma que, seguramente también, acabaría en el escritorio de los suministros de la Corte.

Y SE EVAPORÓ LA MARCHA A FAVOR DE LA VIDA

No es excesivo hacer esta afirmación: Favor de consultar las redes sociales –las que se tengan a mano- y verificar la cantidad de personas que participaron en las marchas realizadas por todo el país, demandando que se respete la vida, la dignidad de las mujeres y las familias.

¿POR QUÉ NO FUE NOTICIA?

Porque no había “nota”…No hubo heridos, balaceados, negocios saqueados. No se vieron restaurantes ni hoteles vandalizados. No hubo vallas metálicas protegiendo los monumentos y las obras de arte expuestas al público.

Tampoco se vieron señoras vestidas de blanco, pintarrajeando todo a su paso; ni mamás armadas con elementos de uso exclusivo de la milicia, como carreolas, mamilas y sombrillas, destruyendo edificios históricos. Los servicios de inteligencia lograron que se encapsulara a los ministros religiosos que marchaban ensotanados, guardando entre sus ropas elementos para tropas tácticas como rosarios, estampas de la Virgen de Guadalupe y sus breviarios.

Los riesgos para la seguridad nacional fueron documentados con puntualidad espartana: Se detectaron familias completas gritando consignas en contra del gobierno, con frases altisonantes como “Señor, ten piedad de nosotros” –y no se referían al presidente-; alusiones graves a los fautores que validaron, en cualquiera de sus formas, el aborto, cuando más de un millón de personas en la calle, vociferaban discursos malévolos que invitaban a “Salvemos las dos Vidas”.

Los colmos de los ataques al orden constitucional y al estado de derecho, se presentaron, cuando cientos de miles de jóvenes lanzaron la más ardorosa afrenta: “¡Viva Cristo Rey!”, “¡Viva la Virgen de Guadalupe!”.

Tales crímenes de lesa humanidad porque defienden a la mujer, a la vida en su vientre y a las familias, tenía que esconderse en alguna parte.

El objetivo de esconder el éxito de la marcha a favor de la mujer, la vida y las familias, se logró en muchos informativos, impresos o electrónicos. El problema ahora es que un millón de personas, cientos de miles de familias, difundieron todo lo que vivieron en ese encuentro por la vida.

A este escribano le marcó el alma, un comentario de Giannita, Bella y su pequeñita hermana, Corazón de María, cuando con una enorme sonrisa llena de alegría le dijeron a sus papás: “Gracias por dejarnos nacer”.

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