Hoy que pertenezco a la tercera edad, también fui joven y estudié mis primeros pasos en mi querida e inolvidable Universidad de Guanajuato y terminé mi carrera de Químico en la Universidad Nacional Autónoma de México, hoy Facultad de Ciencias Químicas y los recuerdos se agolpan increíblemente como si viviera intensamente aquellos momentos de fervor universitario.

La comunidad universitaria en todas partes tiene las mismas características, que definen el ímpetu, el deseo de vivir y la inexperiencia traducida en decisiones no muy acertadas, ¿Pero quién nació enseñado?

Todos los estudiantes, sobre todo los actuales, son de mecha corta quizá porque están influidos por la inconformidad en la que vivimos en ese terrible estado de cosas  del mundo que nos rodea y nosotros mismos con un gobierno equivocado.

La condición humana ensalza y aplasta casi al mismo tiempo, la rumorología hace presa de desinformadas mentes, sin poder de reflexión y abierta nobleza. La mayoría que goza de buena salud tiene la tendencia a gritar, vociferar, correr, saltar, discutir e inclusive pelear, su misma fuerza interna los desborda, como forma natural propia de la juventud. Hoy entiendo lo que no tengo y que en aquel entonces me sobraba.

El cambio no es casual, es generacional. En todos, por razones naturales, la reflexión y la cordura, la paciencia y la impotencia de actos imposibles de fuerza desplegada, nos diferencia de aquella irresponsabilidad de los actuales. El grito de “¡Goya!”, piensan que es todo y no es así.

Quiero describir a la Universidad Nacional de México como la primer Universidad de Latinoamérica, en número de alumnos y calidad de estudios, investigación y cultura en un lugar preponderante, cercano a los primeras 25 universidades del mundo. Una universidad que generosamente atiende a cientos de miles de preparatorianos, todavía más imberbes, y otros tantos universitarios que aportan de forma simbólica una colegiatura, digamos, prácticamente nula. Eso nos hace reflexionar, esa antigua frase que dice que lo casi regalado suena a algo que no funciona, y de eso ellos se aprovechan. Una partida importante se comporta en forma majadera y malagradecida, no entienden de valores ni de reglamentos, mucho menos de moral. Aquí en este tiempo, a diferencia del nuestro, se ha incrementado la violencia, el tráfico de drogas y la falta de respeto a la misma institución y las reglas de conductas más elementales.

El rector Graue y el consejo universitario se las están viendo negras porque la misma autonomía la toman como pretexto estos malandrines, impidiendo la presencia de fuerzas del orden público para controlar la violencia y detener a los culpables, y la seguridad privada en la Universidad poco puede hacer ante una desbordada agresión perpetrada por los denominados porros, cuando alumnos del CCH de Azcapotzalco se manifestaron en la Ciudad Universitaria en forma pacífica y fueron golpeados. En este evento hubo lesionados y se armó tremendo escándalo.

La comunidad universitaria ha reaccionado con la suspensión de clases, pliegos petitorios y un sinnúmero de asambleas entre ellos mismos y todavía no se pueden poner de acuerdo. La mayor parte ya han vuelto a clases, pero faltan algunos donde se han infiltrado enemigos del régimen actual y venidero.

Peña Nieto y López Obrador están apoyando al Rector, pero el primero casi ya no manda y el segundo todavía no puede mandar.

Para terminar, quiero expresar mi deseo de que estas Fiestas Patrias sirvan para lanzar gritos de ¡Viva México!, pero no de la boca para afuera, sino con el corazón en la mano y la buena voluntad que a todos los problemas que tiene México no se agregue uno que puede ser peligroso, como lo hemos visto en otras ocasiones en eventos universitarios.

Atentamente
Ing. Pedro Medina Hurtado

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