Hay personas a lo largo de nuestra vida que nos marcan, familiares, amigos, docentes.
Con los primeros solemos convivir la mayor parte del tiempo y son los lazos de sangre lo que nos unen a ellos, los segundos los elegimos y debemos ser realmente cuidadosos al momento de crear ese vínculo porque no cualquiera es un amigo y el último son los que se aparecen en el trayecto de nuestra vida académica.
A los docentes no solamente nos unen unas horas al día y el salón de clases. Lápices, libretas, libros y tareas. No todos son iguales, hay maestros que dejan una huella imborrable en nuestra vida, que nos inspiran a seguir nuestros sueños y son ellos quienes nos guían a nuestra verdadera vocación.
Para el licenciado Enrique Flores director de la carrera de comunicación en la Universidad de León quien comparte la ideología con el escritor argentino Jorge Luis Borges. “La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”.
El profesor quien cumplirá este próximo agosto 25 años como catedrático recuerda cómo fueron sus inicios en la docencia.
La primera clase nunca se olvida, grabada en la memoria y corazón como todo lo importante fue un 4 de octubre de 1997 la materia, Habilidades para la comunicación que en realidad era redacción. “Yo tenía que dar esa clase en 2 horas pero repetirla con tres grupos distintos en un solo día, iba con muchísimo temor. Tener a 30 alumnos frente a mí, entonces era un tanto aterrador, pero una vez que estaba dentro empecé hablar y comencé a decir esto y aquello sobre lo que estábamos viendo, me sentí como pez en el agua, muy contentó. La siguiente fui repitiendo lo mismo, pero entonces ya le añadí algo, le quité otras cosas y la tercera ya sentía que me quedaba bien, cuando salí, ese día me fui muy contento, porque descubrí mi vocación”
Y aunque al inicio su vocación no era dar clases, su pasión por el cine lo hizo replantearse la posibilidad “Yo terminó la carrera y me dicen, ‘ya te conseguí un trabajo, dar clases en el Conalep’ únicamente los sábados, entonces en la semana me daba oportunidad de conseguir otro empleo, por lo menos tener para el cine” a pesar de no visualizar su vida como profesor desde el primer día supo que le gustaba y que es algo que hasta el momento disfruta mucho porque aunque pueda estar muy cansado al comenzar su clase se olvida de todo.
Hay dos cosas que lo motiva a seguir dando clases la primera es que aprende mucho de los jóvenes porque si se hubiese dedicado a otra cosa hoy no entendería a un joven y puede platicar con uno casi como si fuera su contemporáneo, eso es lo que le permite conocer la mentalidad de los jóvenes y sobre todo el cambio de las generaciones en los últimos años, lo segundo es que a pesar de los años todavía pueda haber alguien que se interese en lo que dice.
Los alumnos no solo aprendemos de los maestros, ellos aprenden con nosotros y esa una de las cosas que más le gusta ese contacto con las personas lo enriquecedor del dialogo y que probablemente en una clase de 30 o 20 alumnos sean solamente 2 a los que les importe realmente de lo que estés hablando, pero con esos dos basta para construir un dialogo. “Creo que todo dialogo es un acto civilizatorio que nos permite vivir en comunidad de manera más completa todo proceso educativo es un proceso civilizatorio y es un asunto de dialogo, sin dialogo no hay nada”
Apasionado a la lectura, divulgador de letras y de conocimiento. Hay acontecimientos que llevaron a dos de sus alumnos a dedicarse a la literatura como profesión. “No se gana mucho pero por lo menos sé es muy feliz, creo que la felicidad no se paga con ningún dinero”



