Pocas mujeres se dedican a conducir autobuses. Una de ellas es Alejandra Pacheco González, quien a lo largo de 9 años ha sabido dar un toque femenino a su trabajo, como ella misma afirma. La ruta 56 Oriente, que brinda el servicio camino a la UTL, es la que recorre diariamente. De 2 mil operadores 20 son mujeres.
Hace 9 años Alejandra estaba buscando empleo. Los que más le llamaron la atención fueron tránsito municipal y transporte urbano. Llegó al corporativo y de inmediato fue contratada. Para ella fue su destino, pues recuerda: “Sin duda, en la vida Dios te pone donde vas a estar”.
UN RETO
Hay profesiones que tienen más hombres que mujeres, y la conducción de transporte urbano es una de ellas. El prejuicio de que manejar es una actividad exclusivamente masculina es muy común, convirtiéndose en un argumento machista. Alejandra reconoce que para ella lidiar con eso ha sido un poquito difícil:
“Una tiene que lidiar contra esas opiniones y esas personas que hacen menos la capacidad de las mujeres, pero conductores buenos siempre los va a haber, ya sean hombres o mujeres. También va a haber quien no tenga la prudencia necesaria, pues la vialidad no tiene sexo y tenemos que ser responsables en todo lo que se nos señala. Eso es imprescindible para poder tener armonía al manejar y tener una vialidad, más que nada, con seguridad. El machismo todavía persiste. En una ocasión dos señores adultos dijeron que no se querían abordar porque yo era mujer. Eso me causó más que enojo gracia”.
SON VARIAS
Alejandra menciona a varias compañeras suyas, como es el caso de Angélica, que está en rutas troncales, Ceci, quien trae una oruga, Gaby Menchaca, quien ha estado en el gremio de la conducción en muchas empresas, como tráileres y transportes turísticos.
Alejandra es madre de dos jóvenes. Sabe dividir su tiempo en ambas actividades, pues señala que la labor de mamá es 24 horas al día los 365 días del año, y su trabajo es también bastante absorbente… pero ella misma reconoce que a veces las necesidades que surgen en casa hacen que tenga el corazón para ejecutar todo.
“En primer lugar, desde la mañana hago mis oraciones. Me programo para recibir todas las cargas y comentarios de la gente, buenos y malos. Yo soy una servidora pública y sé que trabajo con seres humanos. Mi trabajo se refleja en las vidas humanas, y son mis clientes desde que pagan así sea un peso por el servicio”.



