Esta semana nos volvimos a llenar de sangre y de vergüenza: empleados de la Dirección de movilidad que revisan vehículos afuera de las escuelas, exigiendo a los padres de familia que muestren las identificaciones de sus hijos; alcaldes vinculados con el crimen organizado, un policía mal herido al que afortunadamente las balas sólo le penetraron los brazos y le rozaron una ceja, un Estado cuyos Municipios están a punto de formar parte de la lista de las ciudades más peligrosas del Mundo; cárteles por aquí y otros más por allá. Hablar de los anteriores temas ya ha resultado trillado y desgastante, como si cada vez nos acostumbráramos a vivirlo en el día a día, generando una indiferencia entre la sociedad, que cada vez ve más normal un Estado que es gobernado por corruptos, haciendo pactos por debajo de la mesa con aquellos a los que públicamente dice combatir.
Algo está mal. Circula por las redes sociales el mal actuar de los elementos de la Dirección de Movilidad, quienes con espectaculares operativos dignos de la ya extinta Policía Judicial (con cuerpos de gorila, lentes obscuros y toda la cosa), atemorizan a niños, quienes ven con desconcierto el por qué detienen a sus papás. Estos elementos (y también a su Director) han olvidado (o ignorado, ya que muchas veces se hacen de la vista gorda) que nuestra constitución consagra ciertas garantías constitucionales, entre las que destacan el artículo 05, el cual establece que cualquier persona puede dedicarse a la profesión que elija, siempre y cuando sea lícito, mientras que el artículo 11 señala que existe una libertad de tránsito, y por otro lado, nuestro artículo 16 es muy claro al mencionar que nadie puede ser molestado en su persona ni en sus bienes, sino mediante un mandamiento por escrito de una autoridad competente.
¿Qué está pasando? ¿Desde cuándo es ilícito ganarse dignamente la vida para llevar el pan y la sal a nuestros seres queridos? He llegado a pensar que es ilícito en el momento que se golpean los intereses económicos de otros, quienes al verse afectados por el ingreso de los taxis ejecutivos (que son mucho más baratos y eficientes), van con nuestras autoridades, con portafolio en mano (cuyo contenido se desconoce) y acto seguido, dejan el portafolio y al día siguiente ya es todo un delito con multas excesivas (por cierto, también anticonstitucionales) el andar de ruletero en vehículo propio.
Nuestros lindos Alcaldes, vinculados hasta la coronilla con el crimen organizado, nos hace pensar: ¿En manos de quiénes estamos? La delincuencia nos ha rebasado, ¿Cómo exigirle al gobierno que combata al crimen, si son compañeros del mismo cártel? Y el problema mayor es que comienzan a pagar justos por pecadores, sino pregúntenle al Oficial Juan Pablo Avilés, quien en esta semana sintió que la vida se le iba, al ser atacado por comando armado, quienes con mala puntería sólo lo hirieron en los brazos. Para aquellos que desconocen, les contaré una triste verdad: los elementos de policía, aquellos a los que tanto se ofenden en las redes sociales, son en su mayoría, personas cuya única ilusión fue el tener un trabajo que les permitiera sacar a sus familias adelante, y con gran esfuerzo se presentan todos los días, uno muy temprano (6.45 de la mañana) y otro muy tarde (5:45 de la tarde para salir al día siguiente hasta que al encargado en turno se le antoje mandarles un relevo, que generalmente los releva hasta las 8 ocho de la mañana), es decir, un día levántate sumamente temprano, y al otro no duermas en toda la noche, y ruégale a Dios que no haya partido en el estadio León, porque entonces, te toca servicio extraordinario. Y si te opones, te esperan boletas de arresto. Eso es a todas luces violatorio de Derechos Humanos, pero ¿saben qué? La Procuraduría de los Derechos Humanos se ha olvidado de ellos, porque para la Procuraduría, ellos son los enemigos, los malos servidores, los que no tienen derecho al bien dormir ni al bien comer, ni mucho menos al bien convivir con sus familias. ¿llegará el día en que la Procuraduría de los Derechos humanos se dé una vueltecita de manera oficiosa, por las Centrales de policía?
Estamos en un momento histórico donde ser ladrón y corrupto se nos ha salido de control, donde con total descaro cada quién toma lo que no es suyo, donde un partido político es sinónimo de delincuencia organizada, y mientras tanto, el pueblo ahí, dormidito, esperando con singular alegría que lleguen las elecciones para que les regalen un calentador solar, una cubeta de pintura, un jugo, una playera y una torta de jamón. Y los ciudadanos de bien, ahí también, contando chistes y repartiendo “memes” a diestra y siniestra, embobados con el facebook, esperando pacientemente terminar su licenciatura para trabajar en lo que puedan encontrar.




