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A días de la cuaresma

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El arzobispo Alfonso Cortés Contreras, exhorta a los católicos a su preparación espiritual para la cuaresma que “nos abre el camino de la esperanza en medio de las obscuras y complicadas situaciones que nos toca vivir hoy”.

La cuaresma iniciará el 2 de marzo Miércoles de Ceniza, que se realizará de manera híbrida, presencial en templos, capillas y parroquias y en la casa de las familias donde los padres de familia se encargarán de la imposición de la ceniza a sus hijos y parientes.

“Las pruebas por las que estamos pasando, que nos dejan tanta inseguridad y muchos sufrimientos, son un llamado de Dios, un llamado de atención, porque el hombre en medio de tantos descubrimientos y riquezas, ha orientado su corazón no al Dios verdadero, sino a los falsos dioses del poder, del dinero y del placer”, expresó.

El pastor católico indicó “los tiempos urgen que realicemos un cambio. Y el primer cambio debe producirse en el corazón. Porque es del corazón de donde provienen los malos pensamientos; de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral”.

Precisó: todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona” (Mc 7, 2a-x). Es lo que dijo Jesús, así, tan claramente, en su diálogo con los fariseos. Surge naturalmente el interrogante, ¿Cómo sanar ese corazón herido y enfermo, afectado por la falta de valores y buenos ejemplos? ¿Cómo cambiar una mentalidad que ha echado raíces en la cultura de un pueblo, y revertir un estilo de vida?

Aseguró que “Dios no es extraño a nuestros problemas. Al contrario, EI responde a la sed que hay en el corazón de todo ser humano. Pero es necesario escucharlo atentamente y estar dispuestos a responderle con nuestro sí a su voluntad: “Reciban con docilidad la Palabra sembrada en ustedes, que es capaz de salvarlos”.

El tiempo cuaresmal será la oportunidad para entablar un nuevo, confiado y sincero diálogo con Dios, en la oración, especialmente con los salmos, donde encontramos toda la articulada gama de sentimientos que el hombre experimenta en su propia existencia y que son presentados con sabiduría ante Dios; aquí se encuentran expresiones de gozo y dolor, angustia y esperanza temor y ansiedad, resaltó el prelado eclesiástico.

Llamó a tomar muy en cuenta que “cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme, Él puede ayudarme” (Benedicto XVI, SS,32).

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