El arzobispo Metropolitano de León, Alfonso Cortés Contreras pide a los católicos a no permanecer sordos y mudos ante el sufrimiento, la injusticia, la mentira y la maldad, a no quedarse sólo viendo, ante las situaciones de las personas que tenemos enfrente.
“Hoy se habla mucho de derechos y, bendito sea Dios, que se ha dado un paso importante en adquirir conciencia de los derechos humanos; pero éstos exigen también deberes y responsabilidades humanas”, expresó en la homilía de la misa dominical en la Catedral, sobre el milagro de Jesucristo de curación a un sordomudo.
Dijo a los fieles que: “a veces nosotros queremos que nos traten como personas y nosotros tenemos enfrente a las demás personas, las tratamos como si fueran cosas, como algo que nos puede servir”.
“Hoy vivimos la cultura de la diversión, del ruido, que no es malo; pero, cuando perdemos la capacidad de oír lo que pasa, el clamor de la naturaleza que nos la estamos acabando, de oír el clamor de los pobres y necesitados que nadie volteamos a verlos, de oír la necesidad de los niños, no de ideologías, sino de respetarlos, si no oímos el sufrimiento, la injusticia y falta de paz, entonces somos cristianos sordomudos”, enfatizó.
El arzobispo abundó que: “cuando nos da vergüenza decir en la fábrica, en una fiesta, con los amigos, en la universidad, entre los jóvenes (porque se burlan de nosotros); que Jesucristo me ama, me salva y libera de mis miedos, entonces somos cristianos sordomudos que perdemos la relación con las personas, con la realidad, porque no podemos proclamar lo que vemos”.
El prelado eclesiástico agregó que cuando el cristiano se encierra a sí mismo y piensa que la religión es para vivirla encerrado en un cuarto, se equivoca; la religión es para vivirla en sociedad, para proclamar que Jesucristo es el salvador.
La enseñanza del milagro de curación del sordomudo, indicó, es signo de la sordera espiritual y de la sordera social que podemos tener, del silencio que tenemos en nuestra vida personal, en la familia y el silencio hosco que tenemos ante el sufrimiento, la injusticia, la mentira y la maldad, nos quedamos mudos y sordos, nos quedamos sólo viendo ante las situaciones de las personas que tenemos enfrente.
Pidió a los fieles recordar siempre tres mensajes: el primero, que la presencia de Dios es un mensaje de esperanza, aún en las tinieblas; el segundo, que Dios nos abre los oídos del corazón y de la inteligencia para conocerlo, amarlo, proclamarlo, esto es una necesidad urgente de la iglesia. Cuando el Papa habla de la Iglesia Misionera, significa que se nos suelte la lengua, que proclamemos con nuestra palabra y vida que Jesucristo es el Señor, que dejemos esa sordera de no oír, de estar metidos en nuestro mundito. Tercero, que en toda nuestra vida, no estamos solos, Dios está con nosotros, como dice en la primera lectura de Isaías: “Díganle a mi pueblo que no están solos, que vengan a oír las maravillas y a ver los milagros del Señor”.



